Ricardo Ruiz de la Sierra

Es absurdo pretender que la ciencia avale el comportamiento sexual actual en las sociedades desarrolladas que han crecido con una libertad sin parangón en la historia de la humanidad (excepto en Sodoma y Gomorra). En Todo caso habría que estudiar el estilo de educación sin tabúes incluso sin reglas por no decir con falta de atención parental porque ambos trabajan muchas horas y después, divorciados, buscan una nueva vida afectiva. La generación de “los niños de la llave”, ya ha crecido y se ha replanteado todo lo anterior, en vez de evolucionar conservando lo que funcionaba creo que ha hecho la “revolución” en materia de género. Lo complejo es la psicología humana (la biología no ha cambiado tanto) y el órgano más caliente sigue siendo el cerebro. Esto es así desde que la naturaleza inventó el placer para asegurar la continuidad de las especies, pero, todo lo que da gusto hay que disfrutarlo con cabeza (debido a la facilidad para acceder a la pornografía en Internet cada vez hay más jóvenes adictos a la masturbación que tienen problemas de erección con sus parejas).

Lo que dice el artículo de El País digital titulado “Si supiéramos más ciencia no tacharíamos a las personas por su tendencia sexual” de que “los homófobos, en realidad, rechazan su propia tendencia”, los psiquiatras ya lo han descrito hace tiempo: “el hombre es un juez implacable contra aquellos que se permiten lo que él mismo no se permite” (en todos los ámbitos). Hay una película muy buena sobre el tema del año 1999 “American Beauty”. La encuesta del 1948, recién acabada la II Gran Guerra donde asegura que “el 37% de los hombres habían tenido alguna vez una experiencia homosexual real o imaginaria” no sólo pongo en duda la metodología de hace tantos años sino que seguramente carece de validez pues los soldados, alejados de su partener, no estaban en condiciones normales, además contradice el reciente experimento, que nombra el mismo artículo, de la escasa dilatación de las pupilas en hombres heterosexuales, signo de excitación, al ver escenas sexuales de hombres, aunque parece concluir que todas las tías son bisexuales ¡por eso van a mear juntas! Lo cierto es que la sociedad está cambiando a tal velocidad que miles de años de patriarcado y roles bien marcados prácticamente se han acabado en dos décadas.

En las tendencias sexuales la ciencia tiene poco que demostrar, ni la diversidad de conductas, ni las fantasías sexuales, ni los supuestos infinitos sexos o que nos enamoramos de personas (independientemente del sexo). Hay algunos estudios que relacionan la insuficiencia gonadal, alteraciones en cromosomas sexuales, picos hormonales en la sangre materna (estrógeno que producen los ovarios o testosterona las glándulas suprarrenales) que influyen en el feto si es de genotipo inverso que pueden dar lugar a homosexualidad desde edades tempranas, aunque no se ha demostrado nada.

Las tendencias sexuales se deben analizar en cada cultura, época o circunstancias. En la antigua Grecia las escenas homosexuales de adultos con adolescentes aparecen en el 10% de la cerámica (Sócrates y Platón la practicaban en privado). Afortunadamente en la España de hoy se ha salido del armario, hay libertad para vivir o casarse con quién a uno le dé la gana y a nadie se le debe tachar por su tendencia sexual (la discriminación está penada) pero, de ahí a comenzar a preguntarse “que me ocurre cuando veo personas diferentes a mi ” o hacernos todos el test pupilar, como sugiere el artículo, es una sandez. Fui el primero de mi familia en reconocer a mi hermana homosexual hace 30 años, por cierto, que ellas psicólogas, no veían bien adoptar voluntariamente niños si no estaban en situación de abandono o que tuvieran previamente.

Para mí “la diversidad de tendencias sexuales actuales” y el elevado número de no-heterosexuales es un tema de estudio de la psicología y sociología, a veces, únicamente es un disfraz por triunfar en los medios o en arte, ahora está bien visto o, por lucrarse en un fabuloso negocio. No contentos con la liberación sexual algunos quieren hacer una cama redonda o tutus revolutum y otros parece que tienen la intención de confundirnos a todos para justificarse (no deben estar muy seguros de su elección) pues nos tildan a los heterosexuales de reprimidos, a los fieles de temerosos, a los que tratamos de que el dulce no nos provoque colesterol de auto culpabilizarnos y a los que no queremos ser discriminados en los tribunales por ser hombres al divorciarnos (sin hijos ni bienes) o en la presunción de inocencia, nos llaman machistas.

Libertad de elección sexual o libertinaje total

Creo, además, que el matriarcado se impone como reacción al pasado (los hombres que denuncian la agresividad de sus exparejas, de las que afortunadamente pueden escapar no como las víctimas de la violencia machista, ni siquiera son tomados en serio). La punta de lanza, ya no feminista, sino “hembrista”, está compuesta por amazonas que no necesitan a los hombres ni para procrear. Las jóvenes ya no rezan como las beatas que les precedieron y se vuelcan en el sexo, le dan demasiada importancia, como los jóvenes (burbuja de sexo), síntomas ambos, de una sociedad perdida en busca de identidad). Me parece que está clara deriva hacia el otro extremo la promueven determinados colectivos, políticos incluso grupos antisistema. Las activistas más comprometidas consiguen seducir a jóvenes de mente abierta para su causa mientras buscan de forma paranoide restos del machismo del tiempo de nuestras abuelas debajo de las piedras cual arqueólogas o en las vocales del lenguaje castellano. Las abuelas son las que tenían que haberse indignado no las andróginas y victimitas educadas en la igualdad por la tele y los amigos que actualmente intentan imitar al machismo, pero al revés (occidente sigue haciéndose selfis al ombligo en vez de ayudar a los desamparados de verdad).

Yo creo que la sexualidad en pareja genera felicidad y realiza a adultos, libres, críticos y racionales ( la comuna hippie fracasó) y es bastante sencilla de clasificar (no se dentro de otros veinte años): heterosexuales estrictos (la mayoría de la población), homosexuales estrictos (la mayoría de los homosexuales, atrapados en un cuerpo o no), bisexuales (poquitos hombres y quizás algo más de mujeres, en ambos casos con dificultad para mantener una pareja estable) y gente que está buscando a cuál de las tres anteriores pertenece, porque no hay persona más frustrada que aquella que no asume su identidad sexual.

Artículo original publicado en el diario digital Cosas de un Pueblo: Sexos

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