Ricardo Ruiz de la Sierra

Artículo que escribí en el mes de marzo de 2016 para el periódico digital Cosas de un Pueblo en el  que actualmente colaboro.


Escuchaba a los cuatro líderes políticos de los principales partidos con posibilidades de ganar las elecciones; participaban en un debate electoral televisado que había levantado mucha curiosidad entre millones de telespectadores y próximos votantes. Los candidatos, para llegar a presidir el gobierno estaban más pendientes de no meter la pata ante tamaña audiencia que de las propuestas o los pactos necesarios para acabar con la crisis económica y el paro. ¡Hasta que los periodistas que moderaban el debate aludieron al dato de cincuenta y seis muertes en el año 2014* por la violencia machista! Inmediatamente a todos se les llenó la boca de propuestas legislativas para acabar con esta lacra social y garantizar la seguridad de las mujeres. Procuraban que se les notara la indignación delante de la cámara. Apagué la televisión decepcionado y me dije: “demagogia, los políticos no garantizan nada… ni a una de las asesinadas le devolverán la vida“. En mi opinión están tan alejados de las causas de la tragedia que poco pueden hacer para reducirla; salvando las distancias, es como cuando las editoriales y librerías se quejan de que se lee muy poco y ninguno se plantea mejorar la calidad de los libros que editan o intentan vendernos. Si sólo evito un manotazo del sexo más fuerte a una mujer habrá merecido la pena mi opinión.

justicia entre sexos

En el año 2000 escribía en la Voz de Medina del Campo sobre la igualdad entre mujeres y hombres que al comienzo del tercer milenio, la mujer española continuaba liberándose del rol que había desempeñado en nuestra sociedad desde antiguo; casi todas nuestras madres y abuelas vivieron en un estado de sumisión continuado al varón. En el ámbito rural incluso los hijos varones, cuando se hacían mayores, participaban en ese abuso emocional prolongado donde los deseos, pensamientos y opiniones de las mujeres eran poco tenidas en cuenta y al que solía suceder el síndrome de “nido vacío”. Hoy lo podíamos tipificar como maltrato psicológico… cuando no tenían que tragar con el maltrato físico, los cuernos, o los celos de los maridos.

Mi generación y las que vienen empujando detrás han hecho posible el cambio en muy pocos años. Del drama familiar que suponía el embarazo de una soltera a la maternidad elegida libremente por una “single” y de cargar con el matrimonio para toda la vida, a llevar la iniciativa en las peticiones de separación para escapar del sufrimiento o el desamor (en el 2014 hubo 2 divorcios, separaciones o nulidades por cada 3 matrimonios. La media de los divorciados tienen quince años de convivencia y dos hijos)*. No hay más que estar atento a lo que la mayoría de las abuelas aconsejan a sus nietas. En definitiva, tras la masiva incorporación femenina al mundo laboral, los cincuentones hemos celebrado el triunfo de la independencia de las mujeres (no solo económica).  Una situación sin precedentes en la historia de la humanidad.  En España más del 80% de las mujeres entre 50 y 59 años tienen trabajo y entre 45 a 54 el 30% poseen estudios universitarios (de 35 a 44 años  ya superan a los hombres en nivel de estudios)**.

simbolos_de_hombre_y_mujer

Si hace quince años me preguntaba que quizás las diferencias en el comportamiento sexual entre hombres y mujeres se debían a siglos de machismo, hoy sinceramente, no encuentro diferencias entre los jóvenes en ese aspecto. Incluso en las páginas de contactos de Internet se ofrecen los separados y separadas de mi edad para encuentros sin ningún tipo de escándalo, desvinculando las necesidades eróticas de las sentimentales. Si hasta hace poco tiempo la mujer no podía expresar sus deseos sexuales ni a su pareja, hemos pasado, demasiado rápido bajo mi punto de vista, a hacerlo hombres y mujeres en los programas de televisión, de la hipocresía de los adúlteros a desmitificar la fidelidad, del engaño al “affaire”, de los prostíbulos para ellos a las fiestas de “boys” para ellas, de utilizar el cuerpo femenino en la publicidad a hacerlo también con el masculino, etc.

Los padres de hoy somos corresponsables de que niños y niñas hayan tenido una educación en igualdad pero parecemos culpables del machismo secular pues las abogadas, juezas y legisladoras nos castigan con la “discriminación positiva” presionadas por las feministas que siguen buscando tres pies al gato en el lenguaje, las señales de tráfico… con el apoyo de algún gilipollas que todavía no se ha separado. No es justo que nos dejen sin casa ni dinero y sobre todo sin hijos, ahora que hemos descubierto el ejercicio de la paternidad responsable, o que la mujer agresiva se vaya de “rositas” (el 40% de la violencia familiar según Internet porque no hay datos ni estudios en el INE). La discriminación hacia los hombres ya no tiene sentido en una sociedad que va tan deprisa, que ha cambiado tan rápidamente, que ha ratificado la liberación de la esclavitud de las mujeres y quiere la paz entre sexos (si queremos paz trabajemos por la justicia). En mi opinión es uno de los factores a tener en cuenta al analizar, nunca justificar, los asesinatos machistas. Estos son la punta del iceberg de la violencia que subyace en el entorno doméstico, que no solo afecta a un género. La violencia feminista promueve el desahucio masculino y muchos de los trágicos asesinatos de mujeres ocurren  durante el trámite de divorcio (33%)* y en parejas sin denuncias previas de maltrato (69%)*. Ya no conozco a ningún varón que trate o considere a su pareja como un objeto de su propiedad.

2014-05-06-violencia-de-genero

Nuestros padres eran los reyes de su casa (incluso las hijas mayores les servían), pero los hombres de hoy son los esclavos cuando se divorcian, si es que no se tienen que ir a vivir debajo de un puente. Un sustancioso sobresueldo premia a las madres como pensión de alimentos a cargo de los padres (en el 81% de los casos)* supuestamente para sus hijos, que no los puede educar, es imposible en el poco tiempo que le deja el régimen de visitas (en el 73% la custodia es de la madre)*. Nadie debe reinar sobre nadie y espero que mi hijo varón dentro de otros quince años, si se separa tenga los mismos derechos que su expareja y disfrute de sus niños de igual a igual. Las mujeres deberían tomar conciencia de que pueden ser sus padres, sus hermanos o sus hijos los esclavos. Ojala que para entonces se dejen de establecer absurdos cupos paritarios por razón de sexo, en vez de capacidad, porque hoy la igualdad de oportunidades es prácticamente una realidad (los techos de cristal solo los ven algunas que seguramente dentro de cien años seguirán rasgándose las vestiduras). En la mayor empresa del país las funcionarias cobran lo mismo que los funcionarios y en cualquier otra si no es así, existen leyes para denunciar por discriminación de sexo. Lo que sí falta hoy es que los hombres compartan al 50% las faenas del hogar si los dos trabajan fuera y que se pueda conciliar la vida laboral y familiar en vez de tener que congelar espermas y óvulos. Ojalá que el hijo único de las parejas actuales, si es que acaba viniendo a este mundo, tenga un padre y una madre y no pase tanto tiempo solo porque sus progenitores están trabajando o reiniciando su vida afectiva. Las previsiones indican que un tercio de las familias serán unipersonales (si a eso se le puede llamar familia); en USA ya es una realidad, como que las abuelas se operan las tetas y los abuelos se atiborrarán a Viagra buscando pareja (los nietos siguen solos).

Ojalá que pronto las mujeres abran sus propios caminos, dejen de imitar a los hombres y expresen claramente lo que quieren en materia laboral, afectiva, familiar y sexual y no añoren gilipolleces como ese supuesto lenguaje no escrito que el hombre nunca ha entendido. Ojalá que para entonces los hombres y mujeres tampoco se utilicen los unos a los otros como un mero instrumento para superar la inseguridad o la ansiedad, cambiando de pareja compulsivamente en vez de reparar.

Tal y como evoluciona todo, si los ciudadanos cambiamos la moda imperante (la demagogia electoral de los políticos no lo va a hacer) revalorizando actitudes como: la generosidad, la sinceridad, el respeto, etc. A lo mejor dentro de unos años el machismo ya no mate en las sociedades desarrolladas (Noruega actualmente tiene uno de los índices más altos en mayor porcentaje que en España) y el feminismo deje de intentarlo sin la ayuda de la ley, tal vez ni siquiera perdure el crimen pasional tan antiguo como el ser humano y solo quede el homicidio ocasional del psicópata de turno.

no al feminismo

Yo les digo a mis hijos (no voy a escribir “hija e hijo” como imponen en el lenguaje oral y escrito algunas y los políticos lame-culos) que nunca pierdan la buena educación: para dejar a una pareja que va a sufrir ni cuando les dejen a ellos (les he inculcado que no todo pueden conseguirlo).

Algunas de las cosas que ya aprendimos juntos ambos sexos y válido para muchos años son: la superioridad del amor en igualdad (para lo que no hay que discriminar ni positiva ni negativamente), el valor del sexo con amor y la necesaria estabilidad de la familia donde la mayoría de las frustraciones diarias se apaciguan y donde se siente uno acompañado en esa “radical soledad de ser humano” (que decía Ortega y Gasset). Está demostrado con la investigación psicológica más longeva llevado a cabo: la felicidad no tiene que ver con el nivel de ingresos o la fama, sino con las buenas relaciones humanas a nivel de familia (donde se deberían incluir los ex si hay hijos), amistades y la comunidad.

*Datos del 2014 del INE (Instituto Nacional de Estadística)

**Datos del 2013 de INE

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