Ricardo Ruiz de la Sierra

Respecto al artículo “Adúlteros pero leales” en el País Semanal  de Rosa Montero, comparto su comprensión hacia un “affaire”: “la carne es débil” y ahora la conservamos en forma más años; además pasamos más horas con el compañero de trabajo que con la pareja, ya se sabe “el roce hace el cariño”. Pero no creo que la devaluación de la fidelidad ayude a las parejas en “el íntimo deseo de durar” del ser humano según el filósofo A. Comte. Hasta “el más puro sexo” siempre conlleva una confusión emocional suficiente como para arrojar los muebles por la ventana y darnos cuenta después que el piano era valioso.

Tampoco se debe justificar la hipocresía. De hecho una doble vida afectiva es un verdadero maltrato psicológico para el sujeto engañado cuando se prolonga en el tiempo (ahora que estamos tan sensibilizados). El corazón siente la mentira y los ojos del adúltero jamás miran de frente.

De su falta de condena al infiel, que llega a justificar hasta los mil amantes a la vez, pasa a la crítica feroz de los que no lo han sido (65%) la mayoría, según usted, por temor a ser descubiertos o por reprimidos y de los que llama “intoxicados” los que han celebrado las bodas de plata. Perdone señora pero yo les tengo sana envidia, deben ser más generosos y leales que usted y yo que no hemos logrado “la cotidianidad feliz” en pareja del filósofo mencionado que les ha hecho crecer como “naranjas enteras”. Enrique Rojas, el conocido psiquiatra, asegura que el mundo actual tan complejo y lleno de contradicciones que usted menciona con asepsia, “ha ido produciendo un tipo humano débil, vulnerable, quebradizo, poco sólido, incapaz de amar de verdad a  otra  persona”.

La inmadurez (yo si me atrevo a condenar al pecado) lleva a: “reponer en vez de reparar”, porque la promiscuidad tiene más valor que la fidelidad. El gran número de separaciones mantiene asombrados a los sociólogos y es una de las causas de la violencia doméstica, que desgraciadamente incluye a los hijos. “La sociedad alienta lo que luego condena”. El bienestar mental y material de nuestra sociedad depende de la estabilidad y el amor en nuestras familias, modernas o antiguas. No olvide que en ella se amortiguan las frustraciones individuales. Lo que  usted llama deslealtad en realidad es desamor y el sexo es importante aunque el amor lo es más; por eso, perdonemos porque si no, no nos perdonarán.

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