Ricardo Ruiz de la Sierra

Estimado Javier Marías, yo corroboro (por un amigo común) que usted es una persona educada y está lejos de la corrupción o la codicia como dice en su artículo de El País Semanal, pero le voy a indicar lo que le están comprando sus editores cuando se pregunta por qué le ofrecen esos anticipos excesivos por una novela sin terminar o que todavía no ha empezado a escribir; perdone mi osadía pero me lo ha puesto a huevo: un puesto de funcionario en la industria del entretenimiento. Evidentemente usted sabe escribir (no he leído sus libros por los artículos tan politizados que escribe) pero, Machado decía: “Lo que menos importa de un libro es que esté bien escrito”. No sé si comparte conmigo la opinión de que cuando el novelista se profesionaliza es cuando surge el pánico al “papel en blanco” y se parece al político que no le bastan una o dos legislaturas porque lo que quiere es perpetuarse en la política. Un par de legislaturas es lo que tarda en escribirse uno o dos libros redondos: que además de bien narrado diga algo interesante.

Al mismo tiempo que a usted le adulan los editores sin haberse leído el manuscrito y a otros famosos, en lo que sea, invitan a que lo escriba ofreciéndoles sus servicios para la “corrección”, cientos de autores esperamos años para que una agente literario o editor,  con unos cuantos como usted en nómina porque su firma vende, acepten que les enviemos un pequeño resumen de los nuestros y a continuación o al cabo de otro par de años te contesten “gracias, pero no tiene hueco en nuestro catálogo”. Le aseguro que algunos de los ensayos novelados de mis colegas sin publicar, con mucho empleo pero sin oficio, son obras muy interesantes sin ninguna oportunidad, porque los premios literarios están amañados. No se engañe, ni a los lectores, si hoy Vargas Llosa firmara con un pseudónimo no conseguiría que le leyeran los editores, por muy bien que escriba si no tiene un padrino, es periodista, o sale en las revistas del corazón.

Javier_Marías

Javier Marías Franco (Madrid, 20 de septiembre de 1951) es un escritor, traductor y editor español, miembro de número de la Real Academia Española, donde ocupa el sillón R.

Quizá sea mejor no pertenecer a este sector del entretenimiento por ahora, dominado por un par de grandes editoriales y de agentes literarios, en el que prima la narrativa de estilo brillante y amplio vocabulario escrita por profesionales de la escritura aunque sólo digan gilipolleces. Confío en que la correcta escritura junto con lo que nos hace reflexionar (ensayo narrativo como decía E. Vila-Matas) acabe por triunfar en la literatura, como los grandes intelectuales de las generaciones pasadas que novelaban sus pensamientos. Mientras, me gano la vida trabajando… como usted puede seguir haciéndolo con los artículos de opinión. No sea ingenuo, mándeles al carajo a esos economistas, nuevos agentes del sector que, año tras año, cuando se constatan los bajos índices de lectura, ninguno entona el “mea culpa” o se plantea mejorar la calidad de los libros que publican.

Desde lo alto del pedestal en que le colocan para mantener un sector industrial que ya tiene poco que ver con el arte, indígnese con Enrique Villas Matas al recibir el premio literario de Guadalajara (México) y con los autores sine die para cambiar esta situación, por el bien de la literatura. Muchos escribimos bastante aceptablemente lo que no encontramos en las librerías. Yo como decía José Luis Sampedro a ese conocido común “me conformo con ser un buen escritor de segunda fila”.

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