Ricardo Ruiz de la Sierra

Vallas, alambre de espino y policía… así es como nos defendemos de los vecinos míseros y hambrientos los que nos “vestimos de púrpura y lino y banqueteamos espléndidamente cada día” (hasta las mascotas de nuestros parados viven mejor). Muros de la vergüenza como el de Israel o el que propone Trump si gana las elecciones en USA. Como el pobre Lázaro mendigaba en el portal del rico Epulón del evangelio cristiano, así permanecen miles de subsaharianos en los aledaños de Ceuta, Melilla o Caláis, miles de refugiados sirios en Lampedusa y miles de sudamericanos en Mexico “Con ganas de saciarse de lo que tiramos”. Extenuados por una larga y penosa travesía, a solo unos metros de la meta, esperan la oportunidad, aunque haya que tirarse de cabeza desde una rudimentaria escalera o romperse un pierna pues, si consigue caer en “la tierra prometida” al otro lado de ese abismo abierto por los hombres para que no salpique la miseria, les llevaran a un hospital o a un refugio mas confortable que el improvisado campamento de la paupérrima frontera o a un lugar mas seguro que de donde proceden.

Me siento avergonzado cuando las autoridades achacan el problema de la emigración a las “mafias que trafican con seres humanos” aunque no ignoro que los hombres nos aprovechamos incluso de la desgracia ajena. Me conmueve como sonríen y se felicitan los migrantes económicos cuando llegan al centro de acogida, sabiendo que en los meses que pasaran hasta que les identifiquen y repatríen estarán mucho mejor atendidos que en toda su vida, hasta con asistencia sanitaria y que algunos conseguirán escapar y encontrar un “trabajito” (a veces en horario de semiesclavitud, por no tener papeles) para subsistir y mandar dinero a la familia “a base de las migajas” que no quieren los ahítos (aquí nadie quiere ser pastor). Otros obtendrán el estatuto de refugiados y podrán continuar su viaje a Alemania, que ha dado un gran ejemplo al mundo de como se combate la desigualdad, las consecuencias de la guerra y al terrorismo: acogiendo.

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Más altura u hormigón a las barreras, más policía, nuevas ordenes de tirar a matar (como en la barrera Méjico- norteamericana), la presencia del ejercito… todo esto es una espiral defensiva sin final, un remiendo tras otro, muros inhumanos como el que ya derribamos en Berlín, que no acabarán con el problema de la emigración en masa y que solo alimentará el rencor en este mundo intercomunicado por Internet pero donde no se globaliza el bienestar.

“Quien se porta mal o quien no quiere compartir con su vecino -Lázaro- se la esta jugando”. En el tercer mundo ha sido humillado continuamente por la preponderancia económica, cultural y militar del primero (los dirigentes de la famosa reunión de las Azores siguen sin ser procesados) y el Islam, que estaba en clara fase de exégesis crítica (como le ocurrió al cristianismo y Judaismo hace un siglo) está desandando el camino lógico hacia el ámbito privado al proporcionar una nueva identidad entre los desfavorecidos. Sus cada vez más adeptos entre los jóvenes sin futuro del sur de Asia y África o los marginados en el extrarradio de las grandes urbes encuentran atractivas interpretaciones radicales (salafistas) que fomentan la venganza y la violencia yihadista contra el infiel e insolidario Epulon.

¡Dejemos de mirarnos al ombligo! (la crisis económica del 2008 ha ayudado a desentendernos de la verdadera crisis del hambre y la guerra que sufren  el 80% de la humanidad) ¡No ignoremos esta marea humana desesperada! ¡Si queremos paz, cambiemos la injusticia global! Démonos cuenta que cada uno de nosotros es responsable de esta situación por la manera de consumir lo que producen las multinacionales (mucho más los gobiernos, el fondo monetario internacional y el tesoro americano). Tenemos que dejar de mirar a otro lado cuando se comercia a nivel mundial de forma injusta, cuando el precio de las materias primas, única fuente de recursos de los países del sur, se decide en Londres (mientras se subvenciona y protege nuestra agricultura y ganadería), Amsterdan o Nueva York. No me vengan con lo de que el turismo puede ser un a importante fuente de ingresos para estos países por que, actualmente, ir de vacaciones a muchos de ellos es ir a hoteles-isla de lujo vallados y vigilados en manos de las multinacionales del sector o, que es culpa de los presidentes corruptos que tienen y que ponen o quitan las empresas o gobiernos occidentales. Deberíamos ir a echar una mano con una ONG o hacer turismo con una mochila, lo demás es aprovecharnos en su cara de la situación (colonialismo).

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Si queremos seguir disfrutando de la seguridad y comodidad del mundo burgués y que las “crisis” sigan sin ser vitales para nosotros seamos, al menos, inteligentemente “humanitarios” (como Merkel) procuremos el mínimo desarrollo para nuestros vecinos del sótano pues, esta comprobado que de nada sirve poner vallas al campo o armarnos hasta los dientes. Nadie puede garantizar la seguridad. Nada impedirá a los acorralados acuchillarnos (como los palestinos) o a los abducidos que se autoinmolen con decenas de nosotros por delante.

Estemos dispuestos a dejar de crecer, consumir de una forma sostenible incluso a renunciar a uno de los coches o casas porque, para que todos vivan parecido a nosotros hacen falta dos planetas. Abramos los pasos fronterizos, derribemos alambradas que fluyan los bienes y las personas que los que abandonan su tierra y a sus seres queridos lo hacen obligados por la necesidad. Lo ilegal no son los seres humanos sino el hambre y la guerra. Estemos dispuestos a que todos los migrantes económicos tengan un futuro en sus naciones que compense lo mucho que les robamos desde hace siglos sin necesidad de visado ¡Vasta ya de cadáveres en nuestras playas… de Lazaros en nuestros portales!

Artículo original publicado en el diario digital Cosas de un Pueblo: LÁZARO EN LAS PUERTAS DEL RICO EPULÓN

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