Ricardo Ruiz de la Sierra

Dependientes del marquesado los naveros vivían del bosque (empleados en la resinera o en la madera de pino) y de los rebaños de cabras (lo más adecuado para los robledales y pastos de montaña) y el encurtido de sus pieles. También había ovejas y algunas yuntas, de raza avileña-negro ibérica o mulas, para arar pequeños extensiones de cultivo en terrazas dada la abundancia de agua. Una estupenda ayuda para la economía familiar de subsistencia era desde hace más de un siglo alojar a los enfermos de tuberculosis, bronquitis o simple anemia que acudían por prescripción médica desde la cercana capital de España. Primero en hotelitos y luego en casas particulares.

Actualmente los naveros, dueños ya del término municipal, tratan de vivir de los vacunos de carne  (hace veinte años de los de leche) desde que la PAC (Política Agraria Común) subvenciona cada cabeza de ganado, y de los veraneantes sanos, desde que la medicina y la atención sanitaria dieron un salto cualitativo. No es que el pasto, más bien pobre a mil metros, haya mejorado con la democracia, como la sanidad humana, sino que la prima por cada vaca es muy superior a las de hembras de los pequeños rumiantes. Las miles de hectáreas del término, la mayor parte zona protegida ZEPA (zona de especial protección de las aves) y LIC (lugar de interés paisajístico-cultural) son compatibles con el aprovechamiento del ganado extensivo. Aunque no con la biodiversidad vegetal porque hay tanta densidad de “negras” por hectárea (que ya son de todos los colores por la introducción de las razas Charoles y Limousin) que se comen cualquier brizna de hierba en cuanto despunta y los ganaderos tienen que estar echándoles heno, paja o pienso casi todo el año.

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Los vaqueros de las Navas, sin embargo, siguen siendo tan recios como sus abuelos cabreros en la fría tierra abulense aunque el clima este cambiando. No contabilizan las horas extras que atienden a los animales, no hay fines de semana, no se van de vacaciones, no echan cuentas (la especulación en la bolsa de Chicago y Londres sobre la producción primaria de alimentos tira por tierra los precios en las lonjas). Además obedecen ciegamente a la administración autonómica (por la penalización económica en las ayudas: si se retrasan un día en la comunicación de nacimientos, baja, identificación o entradas de sus animales) que les controla férreamente en todos los pasos de la cadena de producción-reproducción de leche y de terneros para cebar o para sacrificar en mataderos (la constitución garantiza la salubridad de los alimentos).

Los pocos céntimos que les pagan por el litro de leche (menos que el agua embotellada) o por el kilo de carne no solo hace que los animales se coman la prima anual que viene de Europa, necesaria para pagar el pienso, sino que el dinero que puedan ganar depende de funcionarios que controlan las ventas del ganado (según el programa de saneamiento ganadero que mantiene controladas enfermedades como la tuberculosis bovina imposibles de erradicar por la abundante fauna silvestre). Unos funcionarios las deniegan, aplicando la normativa de una manera inflexible (poniendo vallas al campo). Otros solucionan los problemas y, facilitan las vitales transacciones para la supervivencia de las explotaciones cumpliendo la misma normativa. Dice Arthur Claarke: “cualquier funcionario que pueda ser sustituido por una máquina debería ser sustituido por una máquina”.

Por si fuera poco, desde hace un par de años se ha expandido el lobo, especie protegida, al sur del Duero y que causa muchas bajas de terneros por la sierra de Malagón (incluyendo a Navalperal y Peguerinos). Los ganaderos han sufrido serias dificultades para ser indemnizados o retrasos en el cobro. A pesar de todos los problemas, como la sequía de este año que les obliga a un desembolso y un trabajo extra para dar de beber a sus animales, en un reportaje a ganaderos de toda España que realizó el País Semanal hace un par de años el principal problema que manifestaban tener era el papeleo con las Unidades Veterinarias de las Administración Autonómica cuando además de para inspeccionar, en teoría, están para facilitar la ganadería (esos funcionarios siguen cobrando lo mismo a pesar de que se ha reducido a la mitad la cabaña de ovino en Castilla y León). Me pregunto qué hacen los sindicatos agrarios o los políticos porque en hacienda y en casi todas las empresas se hacen encuestas de satisfacción por el trato recibido.

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Los únicos españoles que no tienen derechos (excepto el de cobrar las ayudas comunitarias) son los ganaderos. Si una de sus vacas sale positiva a cualquier prueba diagnóstica que lleve a cabo la administración no tienen opción a un análisis contradictorio (como cualquier ciudadano y eso que está abocado a la ruina). Ahora que estamos en crisis se les obliga a vacunar de lengua azul y a pagarlo (aunque pueden solicitar ayudas). Además, como los ciclistas, tienen que estar dispuestos en cualquier momento a un control antidoping o a la visita del inspector de turno que les mira hasta la marca de los calzoncillos.

En un sector envejecido, en cuanto a la edad media de los que se dedican a esta actividad tan esclava, habían regresado muchos jóvenes por la crisis del ladrillo con la esperanza de ganarse la vida pero, ya están pensando deshacerse de los animales porque no es rentable (en Las Navas les obligan a sacrificarlos).

Los ganaderos son los únicos supervivientes de los sufridos oficios de antaño, de momento y, fijan la población rural aunque ya no sean los dueños del ganado. Los agricultores se han mecanizado tanto que apenas quedan uno o dos por pueblo y la mayoría viven en la capital de provincia.

Ya sé que hay ganaderos en Ávila que pueden vivir de su trabajo pero son solo los que no pagan hipoteca o arrendamiento de pastos (comunales o a particulares) porque heredaron la casa donde viven  y los prados donde puedan pastar, al menos, un centenar de vacas. Y creo saber la parte de culpa que tienen ellos, que es no unirse en cooperativas para poder abaratar costes e intervenir en la comercialización de sus productos (lo que han hecho en otras comarcas. El sector agroalimentario se ha convertido en el primero en volumen de exportación).

Si se mantiene la presión desaparecerá el ganado (ya lo ha hecho prácticamente el vacuno de leche), los ganaderos y los pueblos habitados, incluso en verano, en la hermosa pero “desfavorecida” montaña abulense (así se cataloga esta zona ganadera en la PAC).

Artículo original publicado en el diario digital Cosas de un Pueblo: Los ganaderos

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