Ricardo Ruiz de la Sierra

El panorama literario español en la actualidad es en gran medida consecuencia del fundador de la editorial Planeta, José Manuel Lara, un tiburón de las finanzas que ha devorado a un montón de pequeñas editoriales que seleccionaban y publicaban literatura de calidad. También de la agente literaria Carmen Balcells, que se centró en unos pocos narradores para hacerse ricos todos (menos mal que estaban Gabriel García Márquez y José Luís Sanpedro entre ellos). Betthoven publicó muchas de sus obras pidiendo préstamos, las ediciones de los poetas del 27 eran muy cortas y costeadas por ellos mismos. La penuria económica nunca ha impedido que el genio creativo se manifieste lo que no quiere decir que hoy en día no se deba defender los derechos de autor o que se obtengan beneficios con la edición.

Otro elemento clave, además del aumento de la alfabetización española e iberoamericana a partir de los 60, fue involucrar aún más al periodismo con la narrativa. Al fin y al cabo son “escribas” profesionales y están al volante de los medios de comunicación de masas o de sus secciones culturales. Hoy novelista viene a ser lo mismo que periodista, si todavía no ha escrito un libro el editor se lo sugiere o incluso “con sus negros” se lo escribe. El editor o el agente, para asegurarse las ventas, ya tienen la popularidad del autor y la publicidad garantizada. Desde luego que todos han sabido hacer del libro un negocio formidable (aunque los más vendidos sean de recetas de cocina), ahora bien, esto ha sido nefasto para la literatura y en general para la cultura. Jamás se han editado tantos libros y sin embargo tal elenco de autores y obras no consiguen, salvo excepciones, equiparar el nivel artístico que había en épocas pasadas. Se ha insistido hasta la extenuación en la narrativa que ya alcanzó sus cumbres hace un siglo (excepto del realismo mágico) y se ha olvidado el ensayo novelado o narrativo de los intelectuales que reflexionan sobre los problemas de su tiempo (George Orwell, Aldous Huxley, Unamuno, Kafka, etc.)

Los grandes grupos editoriales se han convertido en una industria del entretenimiento (“literatura de comer pipas” me confesó una lectora) y ejercen una verdadera tiranía sobre las librerías y el lector, condicionando lo que se puede leer. Los que antes tomaban decisiones en las editoriales literarias ya no están, solo hay mercaderes. Ningún agente del sector entona el “MEA culpa” en la actual crisis de la lectura ¿No será que han aburrido al personal? Y las Instituciones del Estado cuando animan a leer ¿no se plantean la calidad de los libros que se editan? Se insiste en leer pero el verdadero problema es: “qué leer” aparte de los clásicos. Lo sorprendente es que a las puertas de las editoriales hay miles de autores que queremos publicar sin ser famosos o periodistas debido a los mismos hechos: 100 % de alfabetización, afán de dinero o prestigio, vanidad… pero, sobre todo a que escribimos lo que no encontramos en las librerías. El tapón es inmenso, la selección inexistente, la transparencia nula. La mayoría de las editoriales o agentes no reciben manuscritos y los concursos literarios que convocan están amañados. Da hasta miedo enviar un manuscrito no sea que las editoriales se lo den a sus escritores en nómina, como funcionarios, para que con el equipo de la editorial lo reescriban (como me ocurrió a mí con la editorial Esfera de los Libros y su escritora Almudena de Arteaga).

“Una nueva red de editores independientes son los que están publicando las cosas más interesantes, pero sus perfiles e intereses son muy específicos. Además están desbordados, con plan cerrado incluso a dos años vista” (me confesó el escritor Ronaldo Menéndez).

Empiezo a dudar de que: “la calidad acabe triunfando” (un manuscrito bien escrito y que cuente algo interesante), que es lo único que puede aumentar los índices de lectura enganchando de nuevo a los ciudadanos. Internet es una oportunidad maravillosa de poner en contacto directamente al autor con el lector pero por ser tan fácil, hace que también haya mucha basura (y faltas garrafales de ortografía). Si no quieres esperar a tener suerte y que alguien recoja del océano tu libro en una botella y que prospere el boca a boca hay que dominar también las redes sociales. Solo entonces es cuando te puede pescar una editorial para la edición en papel (pese a las previsiones la lectura en medios digitales se ha anclado en un 16%).

A mi parecer en la literatura, como en la política, hay demasiados profesionales. Se insiste demasiado en que la prosa es un oficio cuando es un arte: el de la comunicación. La novela requiere la compresión compleja y total del texto (aunque sea al final del último capítulo) para que interaccione con las circunstancias históricas, culturales y emocionales del lector. Para mi es más importante que un escritor lea filosofía y psicología que escriba doce horas al día, que lea a los otros narradores o que viaje a lugares exóticos. El libro redondo que busco es el que cuenta una historia y plantea preguntas al lector para hacerle más comprensivo con la condición humana. Ojala fuera posible una “operación triunfo” en la literatura… pero una novela no es como una canción, necesita horas y atención, por eso las editoriales son los conductores de la oferta (como el médico de los medicamentos) pero en la actualidad lo único que garantizan es que no contenga faltas de ortografía o apología del terrorismo.

Los libros hoy tienen una vida muy efímera (apenas unos meses) y hay demasiado culto al autor en vez de a la obra (porque el nombre vende aunque el libro sea un ladrillo). El resignado lector después de leer la mayoría de las novedades que se le ofrecen en el mercado acompañadas de mucha publicidad y favorables críticas, se atreve a decir en alto: “que no le ha gustado” (a veces es porque los críticos temen que les llamen “superficiales” cuando algo es ameno y se lee bien, según el escritor Tomas García Yebra),

En este pseudocultural mundillo Lucia Echebarría insinuaba: ” lo malo no es que el Premio Planeta este pactado entre los agentes mientras los periodistas representen su papel en la comedia, es una empresa privada quien los convoca, sino que lo esté el Premio Cervantes que pagamos todos con los impuestos”. Miguel Delibes, en dos ocasiones, respondió negativamente a la invitación de José Manuel Lara a presentarse y ganar el Premio Planeta (acababa de terminar “Los Santos Inocentes”, Camilo José Cela aceptó a la primera incluso sin obra (plagiando otro manuscrito que se había presentado al mismo concurso de una autora desconocida). Mientras encuentro una editorial pequeña e independiente (que hará que mi último libro mejore) me consuelo con que en este panorama es mejor estar sin edíe… aunque no me lean más lectores que los de mi pueblo o no pueda optar al Premio Nobel.  Por cierto, Vargas Llosa, estupendo narrador, pupilo de Balcells y periodista, calificó endiosado en el discurso de agradecimiento al recibir este premio, mi consuelo como: “un triste consuelo”.

Artículo original publicado en el diario digital Cosas de un Pueblo: LA LITERATURA DESPUÉS DE LARA Y BALCELLS

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