Ricardo Ruiz de la Sierra

No entiendo como el debate público, el de los tertulianos radiofónicos y televisivos o el contenido de los artículos periódisticos no gira en torno al verdadero problema que tenemos encima y que va a cambiar nuestra vida en los próximos años: el calentamiento global. A los catalanes también les va a afectar, mucho más que la independencia que parece que es lo único que les preocupa. Espero que Trump no sea más perjudicial para el futuro del planeta, pues ha despreciado el cambio climático (la ignorancia es atrevida). España tampoco ha hecho los deberes del acuerdo de Paris, se supone que por haber permanecido el gobierno en funciones (la ministra francesa S. Royal nos ha puesto las orejas rojas en el Consejo de Europa). Y es que, nos hemos pasado un año llenando los noticiarios de politiqueo por la incapacidad de los partidos para pactar, a pesar de que los votantes se lo hemos exigido en dos ocasiones (las única línea roja en cualquier negociación es la falta de respeto a la ideología del otro, el insulto o la violencia).

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Nadie habla del urgente cambio de modelo energético. Ni porfía sobre las necesarias mudanzas en nuestro modelo de vida que, no se limitan a reemplazar las bombillas de toda la casa. Eso debería ser el principal debate en los medios dada la importancia y premura del problema y así la información fluiría entre los científicos, políticos y la opinión pública.

Se ha constatado empíricamente que la energía natural que recibe la corteza terrestre (la exógena del sol, que depende de la inclinación del eje de rotación y de las tormentas solares y la endógena, la actividad volcánica) no ha variado sustancialmente en el último siglo. Sin embargo, se ha producido un aumento de aproximadamente dos grados de temperatura en el mismo periodo. Esto solo puede ser consecuencia de que se escapa de la atmósfera menos energía de la que naturalmente se reflejaba, sigue dejando entrar la radiación solar pero deja salir menos que antes por la contaminación (sin la atmósfera y su efecto invernadero normal la tierra estaría a 17º C bajo cero). La actividad humana la ha alterado sustancialmente desde la revolución industrial liberando dióxido de carbono CO2 (400 partes por millón) producto de la combustión de las fuentes de energía fósiles. Es como si el coche blanco aparcado al sol en verano lo hubiéramos pintado de negro. Otro gas de efecto invernadero es el metano que ha aumentado por la actividad ganadera (sobre todo del porcino y vacuno) y la agricultura (sobre todo el arroz). Los fertilizantes y el transporte aportan otros gases con nitrógeno con el mismo problema.

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El tratado de Paris, con 240 países firmantes entre los mayores emisores, por fin intenta variar la tendencia y se fija el objetivo de que la temperatura solo suba un grado y medio a finales de siglo XXI. Los siete grados que se prevén si no se toman medidas drásticas tendrían consecuencias catastróficas. Se derretirían los hielos polares, hacia el 2040 el ártico sería navegable (lo que conviene a otro peligroso mandatario); subiría el nivel del mar amenazando a instalaciones turísticas y ciudades costeras; aumentaría la frecuencia de tormentas e inundaciones; la desertización de África, Europa del sur y América central provocaría grandes hambrunas, migraciones humanas en masa, incendios forestales, extinción de especies, etc.

Ir reemplazando el petróleo, el carbón y el gas natural por las energías renovables y limpias como la hidráulica, eólica, solar… es algo que ya tiene que estar en los Presupuestos Generales del Estado y en los planes municipales, el consumo sostenible en el día a día de los ciudadanos. Utilizar el transporte público, compartir el coche (eléctrico si puede ser), favorecer el trabajo desde casa, usar la bicicleta o caminar para desplazarnos, comer menos carne roja y más productos ecológicos… son actos  que ya tenemos que convertir en hábito para reducir nuestras emisiones de carbono CO2 (en la reunión de Marrakech se hablará del seguimiento de los compromisos adquiridos y las sanciones por su incumplimiento).

El profesor, Fidel González, miembro del Instituto de Geociencia, comparó los cambios climáticos de origen natural habidos a lo largo de la historia del hombre y siempre coincidían con catástrofes naturales, movimientos poblacionales y revueltas sociales. Estamos en la época mas prospera de los seres humanos (excepto casos puntuales), pero ya sufrimos las consecuencias del calentamiento global (emigrantes climáticos y récord de temperaturas cada año). Deberíamos escuchar a los expertos debatir sus propuestas en los medios para frenarlo y actuar individualmente en lo que podamos. El problema es complejo: cambiar nuestro estilo de vida.  Hasta el Papa ha redactado una encíclica sobre el tema y me mosquea, pudiera ser unos de los secretos mejor guardados sobre el fin del mundo (aunque no creo en adivinos).

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Algunos aseguran que las energías alternativas a pleno rendimiento apenas cubrirían un 10% de las necesidades actuales pero yo soy optimista, también tuvimos otros problemas mundiales como la posible guerra nuclear y supimos enfriarlos (además las empresas que lideren el cambio venderán su tecnología como opinó el profesor). No digo que la comidilla política, el referéndum, los deberes de los escolares, los vigilantes de los CIEs (centros de internamiento para emigrantes), la luna en su perigeo o los goles de Ronaldo no sean importantes pero empecemos de una puta vez a actuar frente al cambio climático.

Artículo original publicado en el diario digital Cosas de un Pueblo: S.O.S.

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