Ricardo Ruiz de la Sierra

Hoy en día, afortunadamente la ley protege del salvajismo humano a las bestias silvestres o de compañía, considerando delito por ejemplo ahorcar a los galgos o mantener enjaulado a un león. La Directiva Europea de Bienestar Animal ha dado una vuelta de tuerca para mejorar las condiciones de explotación en granjas intensivas, cebaderos y zoos así como al transporte y el sacrificio, que se realiza con aturdimiento previo. Soy de los que opina que si alguien maltrata a un animal es capaz de hacerlo con una persona. La nueva sensibilidad no admite que se les corte el rabo o las orejas a los perros por estética o las corridas de toros. Por cierto que no se trata de “toros si o toros no” sino variar sustancialmente la lidia: sin picar, con banderillas de ventosa, espada y cuernos de goma espuma; sin sangre y sin muerte el toreo de capa, muleta o a caballo pueden seguir siendo un espectáculo bellísimo (no se maltrataría al animal y el torero tendría menos riesgo). Pero, ya hay “animalistas” que protestan porque a los perros se les castre o ate, por montar sobre los lomos del caballo, experimentar medicamentos y vacunas con monos o porque nos comamos organismos con sistema nervioso. Antes de las leyes de protección animal, pocos ganaderos maltrataban a sus animales de producción, con los que se ganan la vida, mientras que en la ciudad a los domésticos los hacen obesos, obsesivos-compulsivos y tristes por tratarles como niños (algunos les dan jamón york con el hambre que hay en el mundo). Los urbanitas de vacaciones en su pueblo son terribles ya no soportan ni que huela a estiércol. Las protectoras prefieren mantener indefinidamente a perros sin dueño que un sacrificio humanitario con inyección letal, mucho más barato. El director de una me llamó insensible por proponerles que, lo que se ahorran en pienso y vacunas lo donaran a una ONG de ayuda a la infancia.

La sensibilidad de la humanidad más privilegiada no soporta ver el sufrimiento animal pero, permanece expectante, sin herirse (y eso que avisa la locutora), ante el apaleamiento, ejecución o explosión de cualquier pobre desgraciado en las numerosas escenas de violencia de los noticiarios de televisión (para conmoverse por estos seres humanos necesitan cada vez mayor cantidad de morbo). Las mascotas del mundo privilegiado viven mejor que la mayor parte de la gente en el tercer mundo, alardean algunos que son más queridas que las personas e incluso sufragan costosas incineraciones cuando se mueren (en mi opinión únicamente es lícito pagar para prevenir enfermedades o cuando están enfermos habiendo tanta necesidad en el mundo). A los perros se los trata como a humanos y a los niños como a perros. Un tipo se escandalizó de que un niño empujara a otro en la calle para tirar un penalti, le llamó abusador y le acuso de hacer booling al que resultó ser su primo (caso real). Por no hablar de la hipersensibilidad al frío en enero o al calor en agosto en el que se nos aconseja no salir a la calle. Las nuevas costumbres hacen que en USA ya este mal visto jugar con los hijos si no son de uno pero, no les importa de que la gente porte repetidoras, que en algunos Estados ejecuten a discapacitados psíquicos en la silla eléctrica o que la primera causa de muerte en ese país es que te peguen un tiro.

En el mundo de la imagen, la imagen (retocada, parcial o borrosa) se utiliza para movilizar a la gente por estupideces cuando no suele mover un dedo por cosas importantes como el aumento de la intolerancia (nacionalista, ideológica, racista, económica, etc.) Los medios de cotilleo de masas armados con sus cámaras y sus tertulianos o cualquier ciudadano esgrimiendo su móvil y descargando el video en las redes sociales están a la caza de cualquier gilipollez con animales o niños peleando en el patio del recreo creando alarma y estupefacción (por no informarse mejor) y nadie difunde la foto de dos personas jugando tranquilamente al golf en Ceuta mientras detrás decenas de emigrantes están subidos a una valla a cinco metros de altura o la de un sirio con su hijo en brazos bajo la lluvia por el centro de una autovía.

A este paso, va a resultar que los veterinarios firmamos sentencias de muerte todos los días cuando mandamos las reses al matadero con su correspondiente documento. Ya ni en los pueblos pueden agonizar los animales tranquilamente donde les sobreviene súbitamente la “inconveniente” muerte (nuevo tabú), como en el famoso caso ocurrido en las Navas de Marques al entrar en el establo (y no era un ternero sino una novilla de leche). Por cierto por si algún madrileño animalista no lo sabe en los pinares y prados de las Navas a los terneros los devoran vivos los lobos y los buitres, a ver si también tiene que actuar la fiscalía.

UN VETERINARIO HARTO DE LOS PERREROS

Artículo original publicado en el diario digital Cosas de un Pueblo: EL ESTÚPIDO CASO DEL TERNERO DE LAS NAVAS

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