Ricardo Ruiz de la Sierra

“Hay un escenario de riesgo hacia la inestabilidad total: ruptura política, económica y social” opinaban este año una serie de intelectuales europeos y norteamericanos reunidos en Davos, la semana anterior a la cumbre de los dirigentes políticos. Se respiraba pesimismo ante la deriva mundial hacia el nacionalismo y el caudillismo.

Occidente sigue mirándose al ombligo, opino. Antes de la crisis ya justificaba la limosna (0,7 % del PIB) a los países en vías de desarrollo, porque nuestro crecimiento económico, entorno al 2,3 %, se consideraba insuficiente mientras en el sur la gente se moría de hambre o había países con una inflación del 500 %. El primer mundo no fomenta la igualdad después de siglos de comercio injusto pero, tampoco quiere repartir la riqueza con el tercero. Levantamos vallas o muros para impedir el paso de los refugiados económicos y con los procedentes de Siria nos enrrocamos  (salvo Alemania y Suecia). El brexit Inglés es una realidad sólo explicable por el auge de la xenofobia y de los partidos de ultraderecha en todos los países desarrollados (la CEE y el Euro peligran). Los burgueses a base de consumir hemos acumulado muchas cosas, entre otras: miedo, obesidad, aburrimiento, ansiedad,etc. Hemos olvidado la solidaridad con la “cultura del seguro” y no nos interesa la Historia, nuestros abuelos fueron refugiados de la guerra civil española y de la segunda gran guerra.

“Las clases medias (principales afectados de la crisis del 2008) son cada vez más inconformistas y exigentes” aseguran los que estudian la condición humana y la sociedad actual. Estamos indignados porque el 50 % no llegamos a fin de mes y sin embargo los capitalistas acumulan cada vez más riqueza y pagan menos impuestos (cosa execrable contra la que hay que legislar porque es gracias a la paz social por lo que los ricos hacen tanto negocio) pero, no nos damos cuenta que en paro y poco dinero en el bolsillo seguimos en la sociedad del bienestar, incluso nuestras mascotas viven mejor que el 80% de la población mundial en donde la clase media ni siquiera existe (eso no quiere decir que nos resignemos). Esta enorme masa norteamericana y europea está poniendo en riesgo la democracia representativa (alzando a caudillos) por su nerviosismo y nivel de intransigencia. Prefieren un líder que les guíe, que fomente una nueva lucha de clases: “el pueblo” impaciente y desinformado a través de Internet “contra las elites pensantes”. El caudillo, atrevido e ignorante, se rodea de algún intelectual de la barbarie (que siempre los hay, excomulgados o expulsados de los círculos que comparten estudio, reflexión y prudencia, que no creen en la involución o en los mesías).

En la negociación de los complejos problemas del mundo hay proposiciones y concesiones (la única línea roja debe ser el desprecio, el insulto o la violencia), los expertos y políticos aplican objetivos parciales, ajustes progresivos, evaluaciones y rectificaciones (yo lo comparo a la sintonización de una emisora de radio instalada en coche en movimiento) para llegar a los necesarios acuerdos (aunque sea malo es mejor que el desacuerdo). En el populismo este tremendo esfuerzo negociador deja de tener valor y el caudillo afirma: yo soy la solución. El adalid adopta el catastrofismo, el victimismo y busca fuera a seres humanos a los que culpabilizar de nuestros propios errores para alimentar los temores del “pueblo” escolarizado. Hace poco eran los judíos ahora son los musulmanes y es que, aunque la mayoría no esta radicalizado para Trump y otros líderes simples es fácil de vender ya que el yihadismo es el causante del 95% de los atentados terroristas. Para afrontar este grave problema el pueblo español tiene algo que enseñar a la USA actual e Israel: además de la legalidad, la justicia y la policía hay que mostrar al terrorista su propia sinrazón.

En este mundo de las nuevas tecnologías es imposible ocultar lo mal repartido que está, si no queremos que migren todos y, por puro egoísmo, es el momento de que se desarrolle el tercer mundo (aunque tengamos que dejar de crecer nosotros), que progresar no sea sinónimo de occidentalizar, que se acabe con los guetos en las ciudades europeas y se busque la integración dando oportunidades, que se abran las fronteras y se globalice la prosperidad. Apelemos si es necesario a la Justicia de la Haya en pos de los Derechos Humanos Universales, que se cumplan las resoluciones de la ONU que los cabecillas respondan ante el Tribunal Penal Internacional

El caudillo deslegitima a la prensa (no le conviene la libertad de expresión) a la que sustituye por otra con fuentes poco fiables o noticias falsas (que se acaban de elevar a la categoría de amenaza a la seguridad mundial), promueve el militarismo frente a la diplomacia y la movilización de sus partidarios en las calles (populismo de izquierda o de derecha) contra el otro “pueblo” que no piensa igual, y que criminaliza como enemigo interno. Si en los parlamentos, las comunidades y los ayuntamientos se debate tanto debe de ser porque la resolución de los inevitables conflictos humanos nunca es fácil (ni en el seno de una familia).

El  ambiente intelectual que se genera en los populismos es superficial, simple y seguro de su saber, en apariencia, para no hacer dudar al pueblo. “Internet iba a ser una herramienta de liberación pero, los dictadores lo usan para acceder al poder y controlar, partiendo de las mentiras”. El peligro no sólo es que los caudillos encuentren el chivo expiatorio sino que las clases medias educadas les demos la oportunidad de gobernar, “que en tiempos de crisis busquemos un salvador” y creamos en los milagros, como insinuaba el Papa Francisco. El nacionalismo y los salvadores de la patria ya han causado muchos muertos a lo largo de la Historia. Ya lo decía el médico, historiador y pensador Gregorio Marañón “La Historia desde que hay memoria del mundo, y con la misma impunidad selecciona a unos pocos seres humanos donde hace recaer la culpa y los crímenes de todos”.

Artículo original publicado en el diario digital Cosas de un Pueblo: Antiintelectualidad y Populismo

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