Ricardo Ruiz de la Sierra

Se lamentaba mi hijo del mal en nuestra sociedad civilizada y en paz (España es el país de la CEE con menos homicidios). Me hacia la pregunta ¿Cómo es posible que haya gente tan mala como para maltratar a su hijo física o psicológicamente?

No hay gente mala, le respondí, únicamente hay psicologías malsanas que se comportan mal habitualmente, personas que sufren interiormente, que son infelices y por eso hacen sufrir a los demás. Nadie hace daño a conciencia por la habilidad natural de ponernos en el lugar del otro. La debilidad del hombre que le inclina a obrar mal a menudo viene de la infancia. Han sido niños heridos o maltratados y que decidieron en un momento determinado que para sobrevivir en este mundo tan duro hay que atacar, mentir, aislarse, etc. La mayoría, sin embargo, arropados por el afecto familiar podemos encajar los reveses de la vida y decidir reaccionar de otro modo más positivo, devolver el amor que nos dieron y comportarnos humanamente con nuestro entorno (ser solidarios). Pensamos que la vida tiene más momentos buenos que malos, aunque en bajos estados de ánimo tendamos también a protegernos, mentir o atacar. Todos hemos dicho alguna vez que por las malas somos los más malos y a veces nos comportamos pésimamente porque creemos que nos están atacando.

El mal existe, es innegable y producido por hombres y mujeres únicamente… su punto más álgido se da en las guerras. Afortunadamente la mayoría de la gente hacemos mucho más bien que mal a lo largo de nuestra vida, pues las emociones permanecen equilibradas y las circunstancias son favorables, pero hay un porcentaje pequeño de la población que en tiempos de paz padece niveles altos de compulsibilidad, toma decisiones inadecuadas o sus circunstancias son adversas.

Según la psicóloga de prisiones Virginia Barber, el mayor porcentaje de los delitos que se cometen en las sociedades occidentales se atribuye a lo que se denomina “trastorno antisocial de la personalidad” (gente expuesta a la violencia desde que nacen en familias desestructuradas que reaccionan con agresividad ante la autoridad), luego vienen los cometidos por el abuso de drogas y finalmente los cometidos por individuos que han sufrido experiencias traumáticas. Estos pueden ser los sociópatas adaptados que nunca antes habían delinquido: vecinos y vecinas maltratadores de sus familias, jefes y jefas acosadores de sus empleados, compañeros y compañeras encantadores con los que consideran su gente y unos “hijos de puta” con los que no, etc. “Sentir es humano, consentir no” me dijo un cura, todos sentimos envidia, rencor, ira, etc.

No se si hay personas buenas, pero sí que se comportan bien frecuentemente (excepto en la enajenación mental transitoria del crimen pasional, por ejemplo) y personas que se comportan mal con asiduidad. “Que se toman el veneno del odio pensando que enferma a los demás”, dijo alguien. En contra de lo que se cree el 90% de los enfermos mentales no cometerán ningún delito violento a lo largo de su vida, dice la misma experta. Excepto los psicópatas, sin capacidad de empatía, (los psiquiatras creen que son irrecuperables para vivir en sociedad), la mayoría de la gente que se comporta mal desearía no hacerlo, se sienten culpables, tienen miedo, su mayor anhelo es mostrarse sensible y humano.

Hay varios tipos de personalidad que, en estado muy insano, pueden acabar asesinando a alguien. Una de ellas es la que considera que para defenderse de la dureza de la vida y no sufrir más adopta la actitud de dominar todo lo que le rodea y tener el control de todas las situaciones. Para ello abusan de los demás, se vuelven crueles, violentos progresivamente (la agresión consigue el sometimiento por el miedo de la víctima a que se enfade), gestionan pésimamente la ira por su intolerancia a la frustración y a menudo se comportan como inmorales, despiadados y opresivos. Desarrollan ideas delirantes sobre sí mismas y se sienten omnipotentes, invencibles e invulnerables. Cada vez se vuelven más temerarios, vengativos y si se sienten en peligro intentan destruir a cualquiera que no acate su voluntad. Otro tipo de personalidad asesina, en niveles de insalubridad emocional, es la de muchos triunfadores, que han construido su imagen a base de mentiras (suelen ser celosos y rencorosos con los que no se creen su personaje), si se ven amenazados y con tal de mantenerse arriba traicionan, hablan mal y sabotean a cualquiera (jamás reconocerán que han robado, por ejemplo).

Otras personas se vuelven intolerantes, inflexibles, se creen en posesión de la verdad y pueden ser crueles con los demás, pero jamás asesinarán a nadie, en su peor estado de salud mental se deprimen y se suicidan. Como los que se creen culpables de todo por su falta de autoestima o los hipersensibles (artistas).

Otros somatizan la “supuesta” ingratitud del mundo para con ellos y se vuelven enfermos crónicos, los autosuficientes pierden el contacto con la realidad y se vuelven esquizofrénicos, otros niegan los problemas hasta que colapsan emocionalmente y se fragmenta su personalidad y por último están los que se disipan, libertinos y depravados hacia la autodestrucción.

Ojalá que la familia siga siendo un refugio de amor donde se apacigüen nuestras frustraciones diarias (una infancia feliz es un seguro para la felicidad futura) y si no reeduquémonos ahora que entramos en la era del conocimiento, sólo siendo conscientes de cuál es nuestro piloto automático podremos cambiar nuestro comportamiento y la actitud con la que nos tomamos lo que sucede. Hay que intentar reinsertar al hombre o la mujer que se comporte como lobo del hombre o recluirle para que no pueda hacer el mal. En definitiva, es verdad que no oímos el bosque crecer en medio del estruendo de algún árbol seco que cae, como dice un proverbio chino, pero, ¡Que no nos pille debajo!

Artículo original publicado en el diario digital Cosas de un Pueblo: Maltratadores y el mal

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.