Ricardo Ruiz de la Sierra

Seguramente las clases medias en Europa y USA hemos soportado el mayor peso de la crisis económica del 2008 en nuestra sociedad del bienestar, pero seguimos aburguesados, acomodados y nos cuesta compartir las migajas que caen de nuestra mesa, a pesar de todo, con el tercer mundo. ” Nos hemos vuelto muy exigentes e impacientes”, aseguran los intelectuales, “lo que explica el auge del populismo”. Pero el tercer mundo, como siempre, es el que ha pagado el pato de la crisis económica mundial (la ayuda al desarrollo de España ha disminuido un 70 %). Les saqueamos desde que hay memoria de los tiempos, sin necesidad de visado, y seguimos robándoles con un comercio injusto y unos salarios de miseria. Casi el 40% del presupuesto de la CEE y de USA va dirigido a subvencionar la producción agraria y ganadera… a ver cómo pueden competir los países en vías de desarrollo en el mercado internacional de las materias primas además, las multinacionales colocan al frente de esos gobiernos títeres para seguir explotándoles.

La clase media ahora tenemos recelo al inmigrante, y eso que son ellos los que han colocado un ladrillo sobre otro en la época del ¡Boom! (con el que especulamos todos), ellos han embellecido los centros de nuestras ciudades, limpiado la mierda de nuestros inodoros y cuidado a nuestros niños o ancianos. La extrema derecha aviva el temor a la emigración y vehiculan mensajes falsos (posverdad) en Internet de lo bien que viven las familias emigrantes. Para que haya un reagrupamiento familiar de cualquier emigrante tiene que haber cotizado un mínimo de años. Es imposible que se produzca si el padre o la madre no han trabajado nunca. Después de eso reciben una renta mínima si está en paro, una familia de cuatro hijos no llega a 700€ con ayuda al alquiler incluida (depende de la comunidad autónoma) ya me dirán como se puede sobrevivir con eso en España sin parientes. A cambio se les exige contraprestaciones como estar apuntado en el INEM como demandante de empleo, no rechazar el trabajo que se le ofrezca y acudir a actividades de formación o clases de idioma.

Lo que no saben estos islamófobos de extrema derecha, como Trump, es que uno de los preceptos del Corán es el zakat, que obliga a ayudarse unos a otros, cosa que los cristianos capitalistas hemos olvidado (incluso en misa desconocemos si el de al lado está pasándolo mal económicamente). Un mínimo del 2,5% de los ahorros deben destinarse para limosna y está prohibido la usura “no es licito comer hasta hartarse mientras tu vecino pasa hambre”. Esta religión humanista tiene un sólido pilar de solidaridad social. En cuanto a la guerra santa el Corán dice que la fe por su naturaleza no se puede imponer a nadie “los musulmanes reciben de Dios el mandato de no participar en ningún acto de agresión… les está prohibido emplear la fuerza en la propagación del Islam” (Contra otro hombre sólo se admite en legítima defensa). Uno de los nombres de Alá es Paz. La famosa Sura de la yihad (literalmente “esfuerzo”) “Se os ha prescrito combatir, aunque lo aborrezcáis… (2:216)” es aclarada por esta otra ” Combatid, por la causa de Dios, a quien os combate, pero no provoquéis porque Dios no estima a los agresores… (2:190-193)”. Se refiere a defender la religión si es atacada como en los comienzos de la predicación por Mahoma. La corriente extremista del salafismo justifica la yihad para matar en nombre de Ala, pero es contrario al Corán según Hammudah Abdalati de la Federación Islámica Internacional en el Cairo. Es una religión que no admite autoridad más alta que el Corán, que en teoría hace desaparecer el racismo o el nacionalismo, (todos somos hermanos como dice el catolicismo) ni legislación de más rango que la sharia (que en casi ningún país se aplica por encima de la ley civil) pero en las democracias cristianan también obligan a votar conforme a los mandamientos de la Iglesia y a las directrices del Papa.

El Islam, como ya ocurrió con las tribus árabes en su inicio, está uniendo a los pobres del mundo, les dota de una cierta identidad (de ahí el resurgir en países donde el Islam estaba de capa caída) y a nosotros viendo como conversan en cada esquina de nuestros barrios y pueblos, como lo hacen en sus países, nos hace reflexionar sobre el materialismo y nuestro modo de vida. Otra imagen malintencionada por la extrema derecha, que se hizo viral en las redes sociales, es la de una musulmana pasando por delante de una de las víctimas del reciente atentado de Londres que luego tuvo que dar explicaciones en los medios. Ahí está mi artículo de febrero “solo un musulmán” que ante un accidente de tráfico fue el único que socorrió a las víctimas mientras la gente pasaba de largo. No hay más que viajar a un país de esta religión, que reza todos los días cinco veces, para darse cuenta de lo amables y hospitalarios que son. No se puede igualar el islamismo con el terrorismo salafista (por cierto, que el DAES surgió en las cárceles de Irak donde USA abusó de su fuerza).

Es verdad que al islamismo le falta una exégesis (análisis crítico en vez de literalidad) de sus textos sagrados como empezó a hacerse con la Biblia y el evangelio hace tan sólo cien años. Por cierto, pocos musulmanes saben que Jesús (Isa) uno de los apóstoles más distinguidos de Dios en el Corán aparece citado cuatro veces con títulos de mucho honor y que la virgen María (Maryam) es considerada la más excelsa de las mujeres. También es cierto que el terrorismo islámico y el salvajismo del DAES para con los presos (incumpliendo el tratado de Ginebra) deberían ser denunciados más alto por las autoridades islámicas en todo el mundo en vez de sentirse tan ofendidos por escritores y humoristas y proclamar “fatuas” contra ellos. Así mismo los Servicios Sociales deberían exigir a los emigrantes de origen magrebí que de verdad aprendan el idioma para integrarse mejor en vez de agruparse en guetos (las segundas generaciones lo hablan bien). Opino que los cambios en la modernización que se van a dar en un futuro, (ya ocurre en Túnez), como en las demás religiones del libro, vendrán de la mano de las mujeres musulmanas y del aumento del nivel de vida. Como español me siento orgulloso de poder devolver a algunos emigrantes del norte de África parte de lo robado en nuestra época colonial del valle del Rift con nuestro estupendo sistema sanitario, la escolarización obligatoria y la pensión de subsistencia. No es “buenismo” es justicia.

Minas españolas del Rif

Hay un abismo enorme entre la representación occidental del Islám y la realidad, sobre todo por las guerras del pasado en las que por participar musulmanes se les achacó siempre a la “Espada del Islam”. Actualmente es debido al terrorismo de musulmanes extremistas, aunque fundamentalmente se inmolen contra otros musulmanes. Es una religión que ayuda al hombre que busca dirección a su vida, que tiene la capacidad de responder a las necesidades espirituales (“llena de paz al corazón” según Cat Steven convertido al Islam) y a las necesidades materiales. Tenemos mucho miedo a la mal llamada “quinta columna del terrorismo islámico” en los millones de refugiados de la guerra de Siria que profesan esa religión, pero “la espada del Islám no está hecha de acero si no de oración que traspasa el interior de muchas almas”. Un miembro de la Cruz Roja Española me llegó a alabar el ayuno del Ramadán como un periodo en su vida de fraternidad, limpieza consumista y espiritualidad.

Artículo original publicado en el diario digital Cosas de un Pueblo: INMIGRANTES O REFUGIADOS MUSULMANES

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