Ricardo Ruiz de la Sierra

El primer mundo está otra vez al revés (el tercero lo está desde hace mucho tiempo) … asediado por las secuelas de la última crisis económica del 2008, la guerra de Siria y sus refugiados, los migrantes económicos y el terrorismo yihadista. Después de la caída del muro de Berlín (1989) un clima de confianza abrió fabulosas expectativas al movimiento de personas y mercancías, unido a las posibilidades de Internet, aunque la prosperidad global apenas duró una década.

Hoy USA, la primera economía, y el Reino Unido se han enrocado en el proteccionismo, amenazan con nuevas barreras comerciales y contra las personas; el nuevo Zar conspira bajo manga (como buen ex KGB) para “hacer a Rusia grande otra vez”; los europeos desconfían de anglosajones y rusos y los países pobres de los ricos (la cooperación al desarrollo está bajo mínimos). Menos mal que todavía nos queda un poco de cordura en el eje franco-alemán. La gran clase media occidental, defraudada por la corrupción de los políticos y la crisis, se ha vuelto muy exigente (tal vez empezó antes con la pérdida de la fe en la nueva religión del consumismo que no se acompaña de bienestar mental).

Los líderes políticos se radicalizan. Cuanta más capacidad de negociación les exigimos se comportan de manera más intransigentes. “No es No” es imperativo en el sexo pero no en política. Por cierto, ganar las primarias dentro de un partido político no significa que tengas éxito en unas elecciones generales y si no que se lo pregunten al francés B. Hamon elegido por una amplia mayoría de sus bases y que hundió a los socialistas con el 6,10 % de los votos en las últimas presidenciales. El nuevo presidente francés, E. Macrom, no escandaliza a nadie por elegir ministros a su derecha y a su izquierda (cuanto hemos echado de menos esa colaboración para sacar a España de la pasada crisis).

Los referéndums y las elecciones ahora dan miedo, parece que vota el diablo o, que oscuros intereses en Internet influyen. Los pronósticos fallan y los favoritos pierden. El voto también se radicaliza en las zonas rurales porque las ciudades hacen al ciudadano cosmopolita y tolerante (solo un 9,1% de los ciudadanos de Washington votaron a Trump y los parisinos, en la segunda vuelta, apenas un 10% a Mary Lepem. Barcelona no es independentista, ni siquiera se ven esteladas, me confesó una barcelonesa).

A nivel individual, el sentido común se convierte en una rareza y la intransigencia en norma, los votantes se dejan llevar por los encantadores de serpientes “las grandes mentiras las dicen voces hermosas” dijo un poeta noruego. La mediocridad triunfa peligrosamente sobre el talento, el conocimiento y el esfuerzo. Las minorías menos cualificadas imponen sus criterios, la ignorancia se envalentona, las soluciones a problemas complejos parecen fáciles en boca de los que gritan, el nacionalismo reaparece y con él la xenofobia

El mundo está en retroceso, deriva hacia la intolerancia, todo se ha convertido en blanco o negro, de derechas o de izquierdas. Es más importante un papel que una persona, una fotocopia compulsada que la realidad, la ley que la injusticia, una imagen no contrastada que lo que sucede. La negociación entre partidos, la diplomacia internacional, la solidaridad entre los seres humanos parece que han perdido prestigio y se impone el extremismo.

Debemos estar vigilantes y no dejarnos llevar por el miedo los que pensamos que el mundo debe seguir avanzando, los que valoramos los bienes y servicios de los que todavía disfrutamos en occidente, los que creemos que la humanidad nunca ha dispuesto de tantos medios para resolver los grandes problemas. Somos mayoría y queremos compartirlo con los que de verdad no tienen futuro por la guerra, el hambre o el comercio injusto; seguimos pensando que hay que globalizar el bienestar material de la humanidad no sólo por memoria histórica o justicia sino por propia supervivencia. El bienestar espiritual … ese que se lo busque cada uno, es algo que entra en el terreno de lo personal, pero tiene mucho que ver con la moderación y la fraternidad.

Artículo original publicado en el diario digital Cosas de un Pueblo: Moderación

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