Ricardo Ruiz de la Sierra

El otro día le di la enhorabuena al camarero por la exquisita comida que nos sirvió en un céntrico restaurante de Salamanca. Estuve a punto de pasarme de largo por que como era nuevo se anunciaba como gastroteca, gastrobar o algo así. El tipo, alagado y con una sonrisa de oreja a oreja, me confesó: “es que el cocinero es discípulo de Arguiñano”. El simpático chef, que tiene un programa en televisión.

La tuve que explicar a mi amiga extranjera, que se consideraba discípula del gran pensador Unamuno y que acabábamos de visitar la casa donde murió, que este “maestro” no era otro filósofo español como Ortega y Gasset, Julián Marías o Zubiri, con nombre de chef y, añadí que, en la España actual los “maestros” e “imprescindibles” de los programas culturales son los cocineros, futbolistas, cantantes, modistas, diseñadores y algún director de cine. “Gente con oficio” que se decía antes a los que asaltan los medios de comunicación con sus micrófonos o ruedas de prensa, aunque nunca se escuche nada interesante: niñadas de patio de colegio, obviedades cuando no insultos.

A nadie le interesa en este país la opinión de los que estudian, de los que reflexionan de los que leen. Por ejemplo, de los músicos, que se pasan toda la vida del estudio a la práctica, la Orquesta de Cámara del Conservatorio “padre Antonio Soler” compuesta por alumnos del último curso nos hizo poner un pie en el cielo en el último concierto. Por cierto, pocos saben que este compositor español del siglo XVIII está enterrado dentro del Monasterio de El Escorial y el otro día me contaba su prior que un pianista norteamericano se arrodillo y lloró ante su tumba. Ningún micrófono he visto apuntar a investigadores como el profesor Luis Vázquez de la UCM principal responsable de proyectos espaciales europeos y os aseguro que es muy interesante lo que cuenta. Ninguna grabadora ronda a José Luis Serrano uno de los mayores sabios españoles: lingüista, germanista y filósofo de la escuela de Julián Marías cuyo conocimiento enciclopédico resulta además la mar de ameno.

Pocos reporteros le preguntan al mexicano Héctor Caro, director y actor de teatro, su opinión sobre el cine donde todo es artificio (encima no hacen más que darse premios) después de conmovernos magistralmente durante una hora, él solito, sobre el escenario delante de siete personas. No, en este país sobre todo interesa la opinión y la vida de los mediocres cuyo oficio es: invitado a programas de famosos o concursos donde salen famosos.

Tal y como está el mundo me considero un afortunado por poder comer cuando tengo hambre. Aunque nuestras madres cocinan de maravilla valoro la creatividad de los profesionales incluso la experimentación con nuevas materias primas (ya con título universitario) y además es una industria que atrae al turismo, pero me parece exagerada la fama y el dinero que cuecen sus “catedráticos”. Algunos con mala leche encima como Jordi Cruz en un “Master” de la tele. Como el interés mediático hacia los futbolistas por dar patadas a un balón que, ya he oído decir que es un arte (acabaran haciéndolo título superior). O como el estúpido mundillo de los sumilleres (me aseguró una amiga) salvo excepciones por supuesto, todos somos filósofos que no sabios.  Es la nueva “burbuja gástrica” del hedonismo burgués que de momento no explota por el hambre o la sed en otras partes del mundo. Jamás pagaré 300€ por comer en uno de esas Facultades de la gastronomía donde al final aparece el real académico con el postre. Las conferencias de los verdaderos sabios, generalmente desconocidos para el gran público, son gratuitas, sacian la curiosidad y nos interrogan por el sentido de la vida, es verdad que no son a la hora de comer, pero dos huevos fritos con patatas fritas consideran la mayoría de los españoles que es su comida preferida.

A mí lo que más me deleita de la comida es la sobremesa de animada conversación sobre el tema que sea, algún intelectual dice que esto es lo mejor de la dieta mediterránea (que se está perdiendo). Antes del boom de la cocina española, en el 2000, mi distribuidora ya me rebajóó las expectativas sobre mi primera novela: ” los libros más vendidos son los de recetas de cocina”. Con la quinta novela ya no me hago ninguna ilusión y eso que: “No solo de pan vive el hombre” o si, tal vez evolucionamos hacia el “homo gastricus” anchos de panza y cabecita estrecha.

Artículo original publicado en el diario digital Cosas de un Pueblo: Discípulos y Maestros

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