Ricardo Ruiz de la Sierra

La violencia machista no la arreglan los políticos sino los que estudian la “condición humana”. Que no nos engañen con el paternalismo de estado. Los legisladores quieren dar la sensación de que ellos lo solucionan todo o lo que es peor: realmente se lo creen. “La sociedad alienta lo que luego condena” dijo alguien y por mucho “Pacto de Estado” de los partidos políticos contra la violencia de genero si la sociedad no sigue las recomendaciones de los sociólogos, humanistas, líderes espirituales, etc. daremos palos de ciego aunque a los políticos se les llene la boca de medidas judiciales y policiales. Y, para no engañar yo tampoco, más que arreglar el problema únicamente se puede minimizar. Cuarenta y ocho mujeres y ocho niños en el 2017 es una cifra escandalosa que además de muerte esconde dolor, orfandad y episodios traumáticos. El humano sentimiento de ira, envidia o soberbia generan, en los que lo consienten por una mala educación, rencor y afán de venganza que hay que tratar desde la infancia. La violencia machista es la punta del iceberg de la violencia en nuestra sociedad, emerge directamente de la violencia en el seno familiar. (Según el INE en 2015 el 38% de las víctimas de la violencia domestica son hombres).

Los padres tenemos que empezar ya a negarle algo a nuestros hijos e hijas para que de mayores si sus parejas lo hacen no las maten, hay que enseñarles a su vez a decir “No” pero sin herir los sentimientos de nadie, hay que poner en valor la templanza, la generosidad y la humildad, pero no solo hay que decirlo, sino que hay que practicarlo (incluido no espiar, engañar o mentir a nuestras respectivas parejas) porque los niños aprenden sobre todo por imitación.

Hay que mostrarles a los niños que la autoestima es el mejor remedio contra el miedo a la soledad (si te dejan, ellos o ellas se lo pierden). Tenemos que demostrarles que el éxito en la vida es encontrarse a gusto con uno mismo en medio de las dificultades de la vida. “Que ser feliz no es tener un cielo sin tempestades… es encontrar fuerza en el perdón… es tener coraje para oír un no… es seguridad para recibir una crítica… es madurez para decir me equivoqué… es usar las lagrimas para regar la esperanza y las perdidas para refinar la paciencia… es apasionarse por la vida para comenzar de nuevo…” que escribía el Papa Francisco.

La tele y los amigos no pueden educar a los niños, los padres tienen que ocuparse, aunque estén todo el día trabajando y volviendo a rehacer su vida sentimental o al menos no maltratarlos cuando regresan cansados a casa porque ya se sabe que eso también se imita. Tendremos que dar ejemplo si queremos luchar contra esta lacra y separarnos amistosamente con abogados formados en mediación familiar obligatoriamente, que el juez no discrimine al hombre dejándole sin nada y no gritar nunca a los “ex” cuando intercambiamos los niños.

“La sociedad ha fracasado” he leído por ahí aludiendo a la violencia machista en occidente. Yo creo que hemos avanzado en casi todo, pero, tan rápidamente que recorremos un tramo sin asfaltar en el que el polvo ha apagado ciertos valores y se ha colado entre la pareja. Las antiguas relaciones afectivas, que siguen en la memoria de todos, en vez de evolucionar han sufrido una autentica revolución. Es difícil saber que tipo de relación se desea, elegir entre tanta oferta o decidir si repararla o cambiarla. He oído decir a un psicólogo clínico que “el mayor drama que padecemos en occidente no es el paro, el terrorismo o la corrupción sino el dolor y la frustración que generan las numerosas separaciones sentimentales”. La violencia machista afecta a todas las naciones desarrolladas, clases sociales, edades y sin antecedentes de maltrato (el 80%). Esto sirve de crítica a sectores conservadores o de excusa a otras culturas donde la mujer sigue sometida al machismo patriarcal.

Hay que minimizar el problema todo lo posible, quedan muy poquitos hombres que consideren a su pareja como de su propiedad con derecho a levantarle la mano (contra éstos lo único que vale si son las medidas policiales). En el crimen pasional o por celos, que existen desde que existe la pareja, ahora que se pretende ser “naranja entera” podemos eliminar mucho romanticismo homicida y suicida. Todos “mataríamos por nuestros seres queridos” y muy pocos “a sus seres queridos cuando los abandonan” (lo de los niños no llego a entenderlo) pero siguen siendo demasiadas víctimas y hay que preparar a los hijos para el fracaso y aleccionarles sobre la oportunidad que suponen. Pero, mucho me temo que los crímenes machistas de los psicópatas, de los depredadores humanos, no lograremos eliminarlos nunca.

Artículo original publicado en el diario digital Cosas de un Pueblo: Triste balance de la violencia machista en 2017: 48 mujeres y 8 niños

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.