Ricardo Ruiz de la Sierra

¡Niños de la tierra!

¡Sois la inocencia del mundo!

Y, sin embargo, sufrís la mayoría de las injusticias.

A los adultos nos dieron al menos una oportunidad,

No fuimos masacrados en la guerra,

No morimos de hambre, ahogados o enfermos de cosas prevenibles,

Tuvimos suerte o una paternidad responsable.

¡Niños de la tierra!

¡Sois la alegría del mundo!

Y, sin embargo, lloráis de terror o de dolor.

El polvo que os cubre del bombardeo se

Tiñe de rojo con vuestra sangre o

Recogidos de los escombros

Vais ya muertos en brazos de algún miliciano

Hacia improvisadas ambulancias

Por las calles del Guernica Sirio

A un hospital semidestruido.

 

¡Niños de la tierra!

¡Sois la esperanza del mundo!

Y, sin embargo, tiritando de frío navegáis en una patera o

Agotados andáis de frontera en frontera,

Sin uno de nosotros que os coja en brazos

Para que durmáis confiados en el hombro de la humanidad.

Hasta cuando serán incumplidos vuestros derechos

Si no nos mueve ni uno de vosotros inerte en la arena de la playa.

¡Niños de la tierra!

¡Sois el espejo del mundo de los adultos!

Y, sin embargo, pacientes aguardáis la muerte,

Mientras los saciados le ponen precio a vuestro sustento,

Y en Londres o Chicago especulan con vuestro futuro,

Los desalmados trafican con la ayuda humanitaria

O la cambian por favores de todo tipo,

Aprovechándose de las catástrofes o la miseria.

 

¡Niños de la tierra!

¡Sois la pureza del mundo!

Y, sin embargo, algunos mayores abusan,

Vuestras pequeñas volutas les excitan

La suavidad de vuestra piel les pone

“Mas les valdría que les arrojaran al río

Atados al cuello con una rueda de molino”.

 

¡Niños de la tierra!

¡Sois la ternura del universo!

Y, sin embargo, progenitores violentos os maltratan

Pagáis la frustración de su corazón,

Vosotros tenéis miedo a la oscuridad

Ellos a la incertidumbre.

Para que no os peguen mentís, pegáis

O metéis la cabeza entre las rodillas,

En vuestra incomprensión de los mayores.

¡Niños de la tierra!

¡Sois el sentido del humor del mundo!

Cuando por esa lengua de trapo

Sale toda la inteligencia espontánea,

Ni Forges era tan brillante.

Seguís trayendo un pan debajo del brazo

Si intentamos haceros felices o enseñaros

Nos devolvéis ciento por uno.

 

¡Pequeños del Mediterráneo!

Confío en que Alá os lleve al recreo de la Yanna,

¡Pequeños de Occidente!

Confío en que Dios os reúna a la guardería del cielo.

¡Porque tiene que hacerse justicia!!

¡Pues el demonio anda suelto!

Los dioses, si existen,

Os enviaron para salazonar la tierra

Para salvarnos a los mayores de la tristeza.

Toda la bondad la pusieron en vuestros ojos,

Toda la paz en vuestro sueño,

Toda la belleza en vuestra sonrisa,

Todo el amor en vuestra mano agarrada a un dedo

Y os concedieron un privilegio:

“El de no saber lo que es la muerte”.

Ojalá sea Dios ese que dijo:

“Dejad que los niños se acerquen a mi”.

 

¡Niños del universo!

Más quisiera una crueldad como la vuestra,

Que no se ensaña,

Un egoísmo que pronto se apiada,

Un disgusto que pronto se olvida.

Quiero ser un hombre sin prejuicios,

Renacer de nuevo:

A la sorpresa,

Al asombro,

Y tal vez entrar en el Paraíso al volverme como vosotros.

 

¡Quiero pedirles cuentas a esos dioses!

Que dieron libertad al hombre-lobo,

El que devora al futuro del mundo.

Y a ese que dicen que se hizo un niño, para comprenderos mejor

¡A ese quiero creer!

¡Necesito creer… que os consuela… SEÑOR!

Artículo original publicado en el diario digital Cosas de un Pueblo: ¡Niños de la Tierra!

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