Ricardo Ruiz de la Sierra

¡Claro que es un delito de rebelión! ¡Y de sedición! ¡Y de traición! aunque haya sido de guante blanco, con poca violencia. Puigdemont y sus secuaces han conspirado contra los españoles y contra más de la mitad de los catalanes. Como un robo es un robo aunque sea sin mano armada. Han intentado atracar el Estatut de Cataluña y la Constitución española con su mayoría parlamentaria nacida de una ley electoral injusta que no preveía un nacionalismo tan retrógrado. Hay que adaptar estos delitos en las democracias occidentales a estos tiempos de auge nacionalista pues buscan todos los recovecos de la ley para levantarse antes que las armas, pero, no olvidemos que las armas ya están en poder de los miembros de la policía autonómica independentista.

Si no hubo una masacre el 1 de octubre del 2017 fue por la cordura de la Guardia Civil y sus mandos pues los independentistas persistieron en la intención de votar pese a que un juez lo había prohibido y que se sabía que el “pucherazo ilegal” se iba a utilizar para proclamar la República Catalana. Pero no hubo heridos de consideración, si resistencia violenta, tensión con los Mossos, vejaciones y acoso tumultuario a las fuerzas de seguridad del estado en los registros de unos días antes y en sus alojamientos una vez que se retiraron. Me atrevo a suponer que los dirigentes del “proces” querían mártires para victimizarse ante Europa y por eso únicamente lo pudieron hacer con noticias falsas de cargas policiales y cientos de heridos.

Los jueces alemanes que han rechazado la acusación de rebelión en la euroorden contra el cabecilla de los implicados en el “proces” no han tenido todos los datos, han deliberado demasiado rápido y se han extralimitado entrando en el fondo de una cuestión que sólo se debe calibrar durante un juicio justo en España. ¿Para que sirve entonces la unión judicial europea? En todo caso y a pesar de los riesgos que se corrieron por la actitud intransigente de los independentistas, si hubo poca violencia servirá de eximente en la sentencia. España ya ha demostrado al mundo y en circunstancias dramáticas, como se acaba con una banda terroristas a base de leyes, jueces y policías (podían aprender las autoridades israelíes o en su día las Germanas con la banda Meinhof).

La unilateralidad con la que han actuado los independentistas despreciando a casi la mitad del parlamento catalán y al 53% de los catalanes (que la CUP reconoció al principio como insuficiente para iniciar el “proces”), hablar en nombre de Cataluña, mezclar los poderes del estado cuando les conviene y alabar su división ahora que han fallado a favor de sus intereses (de los 227 artículos del reformado Estatut en 2006, uno de los 14 declarados inconstitucional, era el de crear su propia justicia), huir para no asumir su responsabilidad y observar esa sonrisa, de la emoción que gobierna a la razón, de algunos cabezas visibles del proceso no sólo no se me contagia sino que me da pavor.

Estamos ante otro capítulo de la comedia de enredo dentro del telediario matutino sino fuera por la tragedia que esta siendo para las familias catalanas y sus economías. Por cierto, que parecen cómodos con el 155 pues podían haberlo derogado hace meses eligiendo un parlamento (aunque va a ser más de lo mismo si no cambiamos la ley electoral). Es mi opinión, la de un “patriota constitucional”, pero más cerca de la realidad de los hechos y de la mayoría de las opiniones, pero insisto dejemos que la justicia siga su curso, ya sabemos que a veces da pasitos para atrás, e intentemos dialogar con los independentistas de a pie haciéndoles razonar para llegar a una solución consensuada que satisfaga a ambos bloques.

Artículo original publicado en el diario digital Cosas de un Pueblo: PROCES Capítulo 2034 (Puigdemont liberado en Alemania)

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