Ricardo Ruiz de la Sierra

En tiempo de verano he podido acabar de leer el voluminoso ensayo “En Defensa de la Ilustración” de Steven Pinker gracias a que esos mismos ideales han permitido a las sociedades desarrollarse y pagar a sus trabajadores las vacaciones. Curiosamente el trasfondo filosófico coincide con otra lectura anterior “Del Sentimiento Trágico de la Vida” de Don Miguel de Unamuno.

Ambos autores, no contemporáneos, parecen porfiar con vehemencia en algunos momentos. Para el psicólogo cognitivo la ciencia lo es todo y la razón la única senda hacía el progreso, para el ínclito filósofo “la ciencia y la razón en cuanto sustituta de la fe religiosa han fracasado, no satisfacen nuestras necesidades afectivas” (quizás por eso el americano no se explica el Boom de la espiritualidad moderna). Me parece incluso que Unamuno le insulta con lo de “estúpido del sentimiento” lo que hoy se conoce como falto de inteligencia emocional. El español de origen vasco reprocha a los intelectuales de su tiempo que no se ocupen de la trascendencia, el americano de origen judío que diagnostiquen como síntomas de una sociedad enferma los nuevos problemas. También me parece que le devuelve el insulto con lo de “profetas del fatalismo”. El asunto religioso, el emocional y el misterio de la consciencia, el “analítico moderno” lo despacha en pocas páginas mientras que, nuestro humanista, en una desesperada búsqueda, le dedica todo el libro y toda una vida.

Ni que decir tiene que el precursor del existencialismo, que nace poco después en Francia, había leído y reflexionado mucho, pero yerra en el 1912 (fecha de la primera edición de su ensayo) al glorificar la guerra, la patria y la lucha heroica, contra la que nos proviene Pinker pues la retoman los populismos que nos acechan actualmente. “Sensiblerías de ateos” llega a opinar Unamuno de los que se oponían a la primera gran guerra.

Steven Pinker

Si el sabio Don Miguel, porque al final abjuró del belicismo, hubiera leído a Pinker sosteniendo que todas las ramas de las humanidades pueden ser analizadas desde el punto de vista científico no sé lo que le hubiera soltado. Él asegura que poesía y filosofía es una misma cosa el otro que la ciencia y la filosofía.

El narcisista trascendental como le define otro filósofo compatriota no aspira a persistir únicamente en su obra creativa (como Woody Allen responde con humor a un periodista “en vez de por mis películas prefiero ser famoso por no morir”). El cartesiano simplemente vive el presente, el día a día, no haya contradicción entre su cabeza, que dice que no hay Dios, y el corazón (el del español le dice que sí y le gustaría “crucificar la razón para tener fe”). Este dice: “siento luego soy” mientras aquel no tiene tiempo para imaginarse cómo no existiendo ¿será posible que la sociedad moderna nos mantenga entretenidos hasta la muerte? El quijote, que no acepta la vida como es, y decano de Salamanca se extraña de que cualquier interlocutor racionalista no se suicide ¿quizás porque el catedrático de Harvard tampoco acepta el Estatus-Quo e intenta extender la sociedad del bienestar a todo el mundo?

Miguel de Unamuno

Ambos, estudiosos de la condición humana, coinciden en que el mayor goce es el de adquirir conocimiento y que “el hombre ansia lo por venir en vez de disfrutar lo que tiene”. Los dos veneran a Kant y a otros maestros que les precedieron porque con los muertos ya no se compite (no se si Pinker ha leído algo de Unamuno).

Después cada uno se ocupa de lo suyo. Pinker de avisar del peligro de desdeñar a la ciencia y de recordar el gran milagro de la humanidad desde la ilustración. Unamuno de advertir que “no sólo de pan vive el hombre”.

Es verdad, hay que poner en valor lo que ha conseguido el conocimiento (lo corroboran los datos) y confiar en que la sociedad seguirá progresando al compadecerse de sus semejantes (positivismo lo llama el autor) pero, también es verdad que, a partir de ciertos logros e ingresos, la felicidad no aumenta (pese a que el capitalismo consumista intente engañarnos). El corazón de ser humano tiene “razones (para persistir) que la razón no entiende”: el amor (del que apenas habla Pinker), la esperanza existencial (que confunde con la espera de un premio de lotería), la justicia cósmica (que niega sin ningún argumento) etc.

Yo opino que ni el sustento asegurado, una vivienda digna, la asistencia sanitaria, la educación, la libertad, ni el goce estético, ni poder elegir qué tipo de vida desea llevar cada una de las personas que pueblan el planeta ni la fe secularizada en el conocimiento puede responder al ser consciente: ¿para que venimos al mundo? ¿Cuál es su sentido? Únicamente las religiones, que practican la compasión, dan sentido a la vida, aunque no respuestas, cómo sostendría nuestro querido Unamuno.

Artículo original publicado en el diario digital Cosas de un Pueblo: Steven Pinker Vs Miguel de Unamuno

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