Ricardo Ruiz de la Sierra

El principal problema de la justicia y de los jueces no es si son independientes políticamente (al fin y al cabo, el ser humano es un animal político) sino que prejuzgan. Dicen entre ellos que únicamente son injustos con los enemigos, pero, que te den la razón no depende de que pagues un buen abogado, ni siquiera de que lo tengas sino de cómo se haya levantado esa mañana su señoría. Excepto los buenos profesionales el resto se deja llevar por tu aspecto (yo debo tener cara de jilipollas) y sus ideas preconcebidas (religiosas, morales, de clase social, normalmente conservadora o si son machistas o hembristas). Es la institución pública peor valorada por los ciudadanos (casi el 60% de los españoles la califican de mala o muy mala). Los que hemos acudido a los tribunales alguna vez no porque no sepamos llegar a un acuerdo sino porque ha sido imposible o porque nos han agredido estamos hartos de que no nos hagan justicia después del noble esfuerzo de no responder a la violencia con violencia.

Soy consciente de la dificultad que entraña en ocasiones saber la verdad, pero más difícil es para un médico diagnosticar y estamos muy satisfechos con nuestras instituciones sanitarias. Estos profesionales con mejores curriculum y preparación explican lo que te pasa cuando estas enfermo pero los endiosados magistrados siguen tratando al ciudadano como ignorante o lo que es peor nos toman por maleducados, si en la vista, de los nervios, cruzas las manos por atrás. No te dejan intervenir en el juicio, incluso sin llevar abogado, únicamente responder a preguntas que la mayoría de las veces no sirven para saber lo que ocurrió. Aunque en los juicios mediáticos se equivocan menos que la masa enfervorizada que ya ha condenado.

Da la sensación de que cuando hay un político o famoso procesado el juez se esmera porque están los medios de comunicación pendientes y tienen la oportunidad de convertirse en jueces estrella, pero, cuando es un ciudadano normal tienen prisa por irse a tomar el café o el pincho de tortilla (al fin y al cabo, son funcionarios). En mi opinión, una de las causas de este problema es la forma de acceso a la adjudicatura. Después de hacer la carrera de Derecho se encierran a estudiar la oposición (porque sus padres tienen dinero para pagarlo o porque son hijos de miembros de la carrera judicial) y salen unos treintañeros con la cabeza llena de artículos a juzgar la conducta humana de una calle que no han pisado. En Inglaterra no se puede ser juez sin veinte años de ejercicio profesional en cualquiera de las ramas del derecho (el 71% de los ingleses valoran como buena o muy buena esa institución). Un problema que ya señalaba el jurista Francisco Javier Elola hace 80 años de esa “oligarquía conservadora… que aplica un derecho cristalizado en los códigos y no en la vida de todos los días…”

A los jueces y fiscales no les interesa esclarecer los hechos que juzgan sino una “verdad formal” que se deriva de sus preguntas. A mí por desidia, dejadez de funciones o discriminación positiva casi nunca me han hecho justicia a pesar de leer en eslóganes públicos “Yo si te creo”.

Si la constitución dice que la justicia emana del pueblo los políticos deberían desarrollar el articulo 125 y generalizar la presencia del jurado (que como en la famosa película “El Veredicto” enmienda la plana al juez). Los jueces para ejercer deberían superar un test de humanidad, como los médicos en los países nórdicos y, aprender técnicas de mediación de conflictos en vez de memorizar tantas leyes. Y para solucionar el decimonónico retraso en la celebración de los juicios, que agrava la injusticia, exigirles que trabajen más (“nos llevamos el trabajo a casa”, se excusa la exjueza y alcaldesa de Madrid). Un reciente Informe de la Comisión Europea sobre los sistemas judiciales relega al español a la cola, también por el bajo ratio de jueces por habitante (12 por cada 100.000) y porcentaje de los presupuestos dedicados a la administración de justicia, aunque esto no sea culpa de ellos. Por cierto, que podían crear más plazas de juez del cuarto turno: abogados con experiencia. Pues la ratio de estos profesionales es paradójicamente más elevado que la media europea.

Necesitamos un sistema judicial más humano y ágil ahora que la vida laboral, familiar o cualquier tipo de relación en seguida se judicializa por una crisis de valores en nuestra sociedad. Valores como la confianza, la generosidad y la humildad necesaria para dialogar o la sinceridad. En un juicio lo normal es mentir (te lo sugiere tu propio abogado) o llevar testigos falsos. Los jueces, fiscales y sus órganos de gobierno, temerosos de que les reste autoridad, no muestran su labor al público, no hacen una mínima pedagogía o jornadas de puertas abiertas, quizás también es un problema de humildad. Mientras tanto vivimos en un estado de derecho y nadie, aunque esté tentado, debe tomarse la justicia por su mano.

Artículo original publicado en el diario digital Cosas de un Pueblo: Jueces

 

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