Ricardo Ruiz de la Sierra

La antaño estricta clasificación de la literatura en géneros literarios está hoy sobrepasada por la cantidad y diversidad del fenómeno creativo, mezclando incluso diferentes formas de expresión artística. Hace poco he asistido a un concierto de música clásica en el que entre las piezas que interpretaba el cuarteto una escritora leía un texto literario compuesto para la ocasión. Pero esto no quiere decir que los múltiples subgéneros no tengan que atenerse a algunas normas. Así como en la Novela Histórica, no se puede tergiversar episodios históricos en el Ensayo Novelado no se pueden manipular las estadísticas o la actualidad. Como ensayo (sociológico normalmente) tiene un cierto valor documental y trabaja con datos reales, como novela sólo puede conjeturar lo justo para hilar la historia, especular con las causas y aventurar sus posibles consecuencias para la sociedad a través de los personajes. De hecho, cuando escribo ensayo novelado añado la bibliografía al final algo raro en una obra de narrativa.

El lector en vez de escapar de la realidad empírica y construir otra paralela, se zambulle en el futuro, en una hipótesis con posibilidades de hacerse real (en esto se parece a la ciencia ficción y podía denominarse social-ficción). No quiere decir que todos los sucesos, basados en hechos reales, hayan sido protagonizados por un mismo personaje y este sea identificable en la vida real. El escritor Javier Marías opina que últimamente la mayoría de las novelas tratan de algo extraordinario que le ha ocurrido al autor… aunque esos serán escritores de un solo libro, el del hecho extraordinario o el de su vida, pienso yo.

Dice el escritor Javier Cercas que: “la etiqueta basada en hechos reales es la etiqueta más idiota de la historia de la humanidad pues toda la literatura desde Homero hasta hoy está basada en hechos reales”. La segunda más idiota será, digo yo, la coletilla “cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia “. En la novela muchos de los hechos reales pertenecen al ámbito privado, sólo los conocen el autor y sus protagonistas, los inventados siempre suponen un misterio para el lector que no distingue unos de otros. “El trasvase eterno entre realidad y ficción… puebla los estantes de las librerías, lidera las listas de ventas y copa los premios de prestigio” dice el periodista Carlos Galindo.

Yo pienso que desde el comienzo de la que está considerada como la primera novela “En un lugar de la mancha de cuyo nombre no me quiero acordar…” ya se vislumbra que además de entretenimiento y una fuente de conocimiento la novela es una forma de venganza (también lo afirma Vargas Llosa) aunque no se nombre ni a los lugares ni a las personas. Aunque la venganza real es la elevada indemnización que piden los famosos por los “supuestos” daños morales (un narcotraficante que se sintió calumniado únicamente pidió un euro).

El escritor de más de un libro denuncia algo que ha ocurrido a otros (normalmente a los más vulnerables de nuestro mundo) y de refilón intercala otros sucesos en los que se ha visto implicado de primera mano. Sin embargo, creo que cuanto más autobiográfica sea una novela más cala en el lector. Aconseja Cesar Pavese ” si quieres ser escritor ábrete en canal”.  Lo que cuenta una novela, real o inventado, siempre tiene que ser verosímil, curiosamente lo real no siempre resulta verosímil o en otras ocasiones supera a la ficción. Varios lectores de mis dos últimas novelas me han reprochado “que tal hecho era imposible” y yo he podido contestarles que habían ocurrido de verdad. Es curioso que algunas veces lo inverosímil si es real convence al lector, pero si es inventado no. Me comentaba un amigo escritor que uno de sus personajes, algo así como un tipo corrupto que todos los días invitaba a sus empleados a gulas en el aperitivo, no caló en sus lectores hasta que no apareció en los medios de comunicación un político parecido, sólo después empezaron a felicitarle.

A diferencia de lo que hacen los ensayistas, contar a palo seco estadísticas y fuentes, el novelista recurre a la recreación para transmitir una interpretación personal de esos datos para emocionar y provocar la reflexión. Como las grandes novelas de Don Miguel de Unamuno “Niebla” o “San Manuel Bueno, mártir”.

El fin de una historia no debe ser que se reconozca a ningún personaje de la vida real para menoscabar su intimidad o atentar contra su honor (hay que trabajar con el editor para no cometer errores) sino que todos nos reconozcamos en algún pasaje. Además, el autor siempre sospecha que en quienes se ha inspirado en la vida real tarde o temprano leerán el libro y, que pueden denunciar si por datos periféricos se les pueden identificar.

La intención de un autor que escribe ensayo novelado es intentar abrir el debate sobre el tema que le interese. Debe ser fiel a la casuística (documentada y anotada en su librito de bolsillo en su insaciable curiosidad), ceñirse al tipo de personalidad elegida y mezclarlo con sus vivencias. Vargas Llosa dice que “la ficción es un estriptís al revés”, uno se va vistiendo con prendas de otros y al final solo se le reconoce por la cara. “La ficción pura no existe” dice el escritor Javier Cercás. ” Hay más verdad en la poesía que en la historia” escribe Aristóteles. “Toda creación es la aproximación a unos hechos desde el punto de vista emocional” defiende Elena Ramírez “la verdad es sólo una cuestión de estilo” afirmaba Oscar Wilde y Philip Roth “el gran dilema del novelista es como competir con la realidad”.

Si es una autobiografía uno tiene que estar preparado para las demandas, pero en un ensayo novelado no se presenta como ocurrido en su totalidad, estafaría al lector, porque es una ficción, pero si se afirma que los hechos principales han ocurrido en algún lugar no se estafa a nadie. Es una creación intelectual destinada al gran público y resulta absurdo pensar en un ajuste de cuentas con en el círculo más cercano a su creador que sabe perfectamente los hechos reales.

Toda obra literaria esta necesariamente inspirada en sucesos reales y algunos son un grito imposible de ahogar para el escritor. Los llamados datos periféricos siempre existen en cualquier novela y más en un ensayo novelado, son motivo de curiosidad en todas las obras de arte (literarias, pictóricas o musicales) para tratar de identificar las fuentes y los personajes de inspiración del autor. Pero identificarlos y relacionarlos es casi imposible si no las revela el propio autor. De forma que, si los datos periféricos se toman de forma estricta y los párrafos fuera de contexto, como en los delitos de odio, opino que los jueces y fiscales (que no se leen los libros que juzgan y quien sabe si alguno) impedirán que nadie podrá escribir ni crear en un futuro.

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